Como cada dos lunes, acudí con el médico de la empresa para
revisar cómo me siento, pues la segunda mitad del año pasado fue difícil, y en
el departamento médico saben que padezco un trastorno de personalidad. Mi
situación ya no es buena en el departamento al que pertenezco y así se lo hice
saber al médico.
Le pedí a este señor, de nombre Eduardo, que le sugiera a la
gerente del área de regulación sanitaria que abra un puesto de traductor, pues
para hacer trámites ante las oficinas gubernamentales correspondientes es
necesario llevar mucha información traducida al español, de eso una gran parte
son artículos médicos. Yo no tengo estudios de medicina, pero sí domino el
inglés y soy un traductor competente.
No quiero sentirme importante, pero en los tres años y ocho
meses que llevo en la empresa, he tenido buen desempeño, se me considera muy
competente, cuento con un 100 por ciento de cumplimiento y en consecuencia se
me tiene por absolutamente confiable.
El área de regulación se encuentra en este mismo edificio,
escaleras arriba. Está compuesta por personal casi exclusivamente femenino,
excepto por un compañero. La gerente no me es particularmente agradable y creo
que yo tampoco le caigo bien a ella, pero me parece que si fuera transferido a
ese departamento, mi situación laboral sería mucho mejor. Imagino que para el
departamento al que pertenezco, mi salida podría representar un problema serio
pues no es fácil encontrar a alguien que tenga mis buenas características, y en
cambio mucha gente que conoce el idioma inglés a medias, y ni siquiera sabe
escribir en español correctamente, se pone a traducir, obteniendo muchas veces
resultados deplorables, cosas que de plano no sirven.
En menos de tres meses cumpliré cuatro años en este empleo,
y si no logro cambiar de departamento, por lo menos procuraré adaptarme a mi
situación, que no es la mejor, pero tampoco es lo bastante mala como para que
decida irme. Esto último definitivamente no es una opción, pues sin este empleo
mi vida volvería a ser una pesadilla de la que sería difícil despertar, y tal
vez terminaría en un suicidio.
Es necesario conservar la calma y ver los problemas en su
justa dimensión, sin sacarlos de proporción.
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