lunes, 7 de enero de 2019

Quién soy, un poco de información sobre mí


Soy un hombre de 54 años de edad, acercándome a los 55, en buena forma física, pero con un problema serio de salud mental, un trastorno límite de la personalidad (TLP [Borderline]).

Siendo un adolescente, con 16 años de edad, ver por televisión los Juegos Olímpicos de Moscú despertó mi interés en el deporte, en participar en lugar de limitarme a ser espectador. A partir de entonces, comencé a levantarme todas las mañanas muy temprano a correr unos ocho kilómetros en la calle, y tiempo después comencé a participar en carreras de 5 km y más tarde en pista, en medio fondo. Yo tenía grandes aspiraciones, llegar a convertirme en un deportista de alto rendimiento, en un campeón olímpico como lo habían sido en tiempos recientes (hablamos de la década de los 80s) los ingleses Sebastian Coe y Steve Ovett. Por supuesto, esto era una absoluta imposibilidad, pero lo que sí conseguí fue adoptar un estilo de vida sano a ese respecto, mantenerme físicamente activo, cuidar mi alimentación, evitar el abuso del alcohol, no fumar; evitar consumir drogas no legales.

Creo que eso fue mi salvación, pues en mi trastorno es muy común el abuso de sustancias y en mis familias paterna y materna, hay muchos casos de alcoholismo que derivaron en tragedias, o en que ciertas personas se destruyeron a sí mismas. De hecho esa adicción mató a mi padre hace once años.

Por otra parte, he vivido muy mal, y teniendo más de 40 años comencé a cobrar conciencia de que he padecido una patología muy grave. Hace 10 años y medio una psicóloga muy competente (y un bello ser humano) me dijo: “tú tienes un trastorno de personalidad”. Esto fue a mediados del año 2008, yo me hallaba viviendo una pesadilla que con mucha frecuencia se convertía en un verdadero infierno, desempleado, en la pobreza, abandonado por mi familia, sin atención médica ignorando que estaba muy enfermo, y siendo violentado por gente que se suponía que su trabajo consistía en ayudarme, no en hacer lo contrario.

Al cabo de unas semanas de que esa bella psicóloga me dijo que tenía un trastorno de personalidad (argumentando que no podía decirme cuál era, por ética), yo me di cuenta de que padecía el conocido como “Borderline”, y pese a tener un libro de psicología (en inglés, comprado en un negocio de libros usados) donde venía una tabla de trastornos de personalidad por grado de afectación, donde aparecía el TLP como uno de los tres más devastadores, no internalicé lo grave que es.

En mayo de 2011, la psiquiatra que me atendía desde hacía tres meses en una institución pública (Hospital Civil Fray Antonio Alcalde) me dijo que mi trastorno estaba considerado como “muy grave”, y ese fue un segundo momento de gran trascendencia. Fue entonces cuando internalicé la importancia de la información que mi psiquiatra acababa de darme. Pero tuvieron que pasar cerca de ocho años más para que a principios de diciembre de 2018 una psicóloga vía atención telefónica me dijera al enterarse de que tengo empleo: “es bueno que trabaje”. Me di cuenta en ese momento que es muy común que quienes padecemos este trastorno vivamos sin trabajar, y esa es la historia de mi vida.

Haber llegado a la mayoría de edad, y un poco más, y no convertirme en una persona productiva, tuvo un costo altísimo. Fue uno de los factores más importantes para que en 1995, con 31 años de edad perdiera la voluntad de vivir y elaborara un plan para quitarme la vida, de alta letalidad.

De alguna manera me recuperé de esa época tan terrible (la sigo considerando la más difícil de toda mi vida), pero dos años más tarde, sufrí otra caída (propiciada por un “amigo” que me pegó por la espalda, y por todos los miembros de mi familia) que con el paso de los años me llevó a perder la voluntad de vivir.

Ahora, acercándome a los 55 años de edad llevo una vida productiva, y ha sido así en los últimos cuatro años de mi vida, pero mirar hacia atrás y ver mis pérdidas gigantescas me produce un sufrimiento que muchas veces no puedo manejar y se convierte en furia contra un número de personas entre las que se encuentran mis padres, dos de mis tres hermanas con sus respectivos cónyuges, el “amigo” que en enero de 1998 me pegó por la espalda despojándome de mi empleo, y profesionales de la salud mental como un psiquiatra de nombre Flavio Miramontes Montoya y otros, que me agredieron sabiendo que yo me había esforzado durante muchos años, viviendo muy enfermo y sin atención médica, en medio de una grave violencia intrafamiliar, en soledad, sufriendo mucho.

Para que quede claro lo terrible que es no llevar una vida productiva, no valerse por sí mismo y no construir un patrimonio, quisiera decir que esto equivale a vivir como un inválido, pero uno al que mucha gente ve con abierto desprecio, se vive con estigma de mantenido siendo agredido por todo tipo de personas, y al paso de los años, se cae en una pobreza tremenda (que puede llevar a convertirse en un indigente), a quitarse la vida, o si tiene uno alguien que lo mantenga, vivir en la indefensión. Esto último porque cuando uno depende económicamente de alguien, ese alguien puede agredir de la forma que se le antoje, y su “protegido” no puede hacer nada para defenderse. Deberá ser fácil comprender esto. Vivir así es un infierno en vida y se encuentra uno con numerosas personas idiotas que imaginan que eso es estar alojado en una gran comodidad, no carecer de nada sin el menor esfuerzo. La estupidez humana no conoce límites.

Estos son algunos de los temas que me propongo tratar en este blog.

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