A principios del mes de octubre tuve un incidente en mi
trabajo que no tuvo consecuencias, pero para mí significó un problema serio,
pues involucró a ese compañero con el que comencé a tener problemas a mediados
de 2017, a la directora de mi departamento, y al director de Recursos Humanos.
También involucró al médico de la empresa, pero este tuvo un buen desempeño y a
partir de entonces lo veo como a un amigo.
Blanca, la mujer joven que llegó en agosto del año pasado a
ocupar un puesto de gerencia recién creado, a quien ahora le reportaría Omar
(el mal individuo con puesto de jefatura con el que he tenido problemas, un
maestro en el arte del chisme y la intriga) fue manipulada por él, quien le
habló falsedades de mí, logrando que ella comenzara a mostrar una tremenda
hostilidad pasiva hacia mi persona, incluso mirándome como si fuera la persona
más despreciable del mundo.
La noche del lunes 8 al martes 9 de octubre, me sentí
terriblemente mal, se me vino una crisis cuyo detonante fue la violencia pasiva
de Blanca, pero su origen se hallaba en todos los problemas que tuve que
enfrentar a partir de junio de 2017, cuando regresé de una incapacidad de casi
seis semanas por un accidente en que me rompí la clavícula izquierda.
Ese lunes por la tarde y el martes por la mañana, temprano,
tuve un diálogo con la directora de mi departamento señalando a Omar (una de
las personas más allegadas a ella) como un intocable, diciéndole que iba a
encargarme de que dejara de ser un problema para mí, aclarando (textualmente)
“todo dentro de la legalidad”.
A las once de la mañana recibí una llamada en mi Smartphone
del médico de la empresa, pidiéndome que me presentara en la oficina del
director de recursos humanos a las 13:00 horas. Entonces me dispuse a bañarme y
prepararme para acudir a la cita, esperando lo peor, poniéndome en el peor
escenario, asumiendo que me iban a despedir.
Llegué antes de la hora (como es mi costumbre, siempre he
sido muy puntual) y me dirigí al consultorio, donde dialogué con el médico. Él
me aseguró que no iban a despedirme, pues de ser así me habrían pedido que me
presentara con otra persona (encargada de la nómina). Al llegar la hora de la
cita, la una de la tarde, me reuní con este señor, el médico, y con el director
de recursos humanos en la oficina de este último.
El director de RH expresó su preocupación por la integridad
física de Omar. Yo le aclaré entonces (bastante alterado) que no tenía
intenciones de hacerle ningún daño. “No lo voy a golpear, no le voy a meter un
balazo, no le voy a mandar un sicario”, exclamé. Entonces ese director me
preguntó sobre mi tratamiento psiquiátrico (que recibo en el Hospital Civil
Fray Antonio Alcalde) y yo le mostré mi tarjetón, donde aparecen las citas a
las que he asistido (casi todas) desde febrero de 2011. Él me preguntó si el
médico podía acompañarme a esa institución (con la idea implícita de comprobar
lo que yo argumentaba, que soy paciente del hospital y he acudido a mis citas)
y yo respondí con toda calma que sí, que no veía ningún inconveniente.
En ese encuentro con esos dos empleados de la empresa en la
que trabajo, el director de RH tomó la actitud de que siendo yo un paciente
psiquiátrico, estoy mal en mi percepción de la realidad, en mi comportamiento y
en lo que pido y espero del personal al que me dirijo con intención de tratar
un problema laboral. En la primera semana de agosto, yo me había dirigido a él
de manera verbal y por escrito, describiéndole el tipo de problemas que había
tenido con Omar desde mediados del año anterior, es decir un periodo mayor a 12
meses y siendo jefe del médico, ya debería tener antecedentes sobre este mal
compañero, que tiene muchos años en la empresa, ha tenido problemas con otros
empleados (a quienes les ha hecho la vida difícil, algunos optaron por irse);
en resumen, debía saber que Omar tiene una muy mala reputación y en esencia es
una alimaña.
Yo tenía una buena opinión de este señor (el director de RH,
que había llegado a la empresa en marzo de ese año, 2018, siete meses antes)
pero en ese momento me di cuenta de que me había equivocado, de que este señor
resultó ser un individuo pragmático, incluso cobarde dispuesto a usar cualquier
cosa que yo dijera para voltearla en mi contra. Entonces, este señor me informó
que se me iban a dar el resto de los días hábiles de esa semana (miércoles a viernes)
como descanso con goce de sueldo y me pidió un dictamen de la institución donde
recibo la atención médica psiquiátrica.
Salí rumbo al Hospital Fray Antonio Alcalde cerca de las dos
de la tarde y al llegar ahí ya no encontré a la residente de psiquiatría que me
atiende. Al día siguiente me presenté en ese lugar a una hora razonable (como a
las once de la mañana) y pude hablar con esa dama (una persona excelente en
todos sentidos). Le pedí que me diera ella el documento, simplemente
escribiendo sus impresiones como médico tratante y sus datos. Ella me respondió
que eso no era posible, que yo tenía que presentarme en la oficina de
transparencia a solicitar un resumen clínico, pues en ese hospital no se dan
dictámenes. Aquí cabe señalar que dictámenes se dan solamente en una
institución de ciencias forenses.
Me dirigí a la mencionada oficina y solicité el documento,
la atención fue amable e incluso la empleada que me atendió se mostró empática
y me hizo sentir bien.
El proceder del director de RH es típico del tipo de gente
que va por la vida con una máscara, proyectando la imagen de una persona
instruida, profesional y al mismo tiempo empática, muy humana, cuando en
realidad todo eso es una farsa y más bien están dispuestas a faltar a la verdad
y deformar la realidad a su conveniencia.
Ahora, un cierto número de personas que me rodean saben que
tengo problemas de salud mental, que soy paciente psiquiátrico, pero
curiosamente no vivo esto como un estigma. Me parece que para cualquier
observador resulta muy evidente que tengo un comportamiento, un desempeño y una
confiabilidad excelentes y la mayoría de mis compañeros tienen buena opinión de
mí.
Quienes difieren son la clase de gente que no vale la pena,
son una minoría y no merecen ser tomados en cuenta. El balance es positivo.
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