miércoles, 9 de enero de 2019

La actividad física y su importancia en mi vida, mi mecanismo de evasión, mi salvación


Hablando de mi horario laboral, llevo ya más de dos meses (comenzando el lunes 29 de octubre de 2018) en el actual, que va de 11:00 a 20:00 horas y es muy cómodo, pues salgo de casa poco antes de las diez de la mañana, habiendo tenido tiempo suficiente para hacer ejercicio, desayunar y bañarme sin prisas, e incluso para —en ocasiones— pasear a mis mascotas muy temprano.

Tuve este mismo horario entre finales de julio de 2015 y mediados de febrero de 2016, es decir un poco más de seis meses, y durante ese tiempo no sentí el cansancio crónico que comenzó a abrumarme a partir de la segunda mitad de 2017, cuando regresé de mi incapacidad por un accidente en mi bicicleta de carreras, en que me rompí la clavícula izquierda.

En la actualidad y durante un tiempo muy prolongado, he recorrido un kilometraje muy bajo en mi bicicleta, en parte porque mis horarios de trabajo no me dejaban mucho tiempo para practicar mi deporte; y en parte porque en buena medida el miedo (al parecer patológico) que siento ha limitado mi actividad en muchas áreas de mi vida. La mayor parte del entrenamiento lo hago en rodillos, si lo hiciera en carretera combinándolo con recorridos en áreas reducidas cercanas a mi casa (como mi circuito de 4000 m que incluye fuertes pendientes cuesta arriba), el kilometraje sería considerablemente mayor.

No obstante, la actividad física ha sido algo excepcionalmente bueno, pues por principio de cuentas, habiéndose convertido en un mecanismo de evasión en algún momento de mi adolescencia o temprana juventud, me mantuvo lejos del abuso de sustancias, tan común en mi trastorno límite de la personalidad (TLP) y al mismo tiempo me dio una figura armónica, la de un hombre relativamente alto, delgado, de espalda ancha y cintura pequeña, con una musculatura bien definida arriba de la cintura y potente debajo de la misma. Es un hecho que me he relacionado sentimentalmente con pocas mujeres durante mi vida, y realmente ninguna de ellas se acercó a mí o aceptó mi cortejo sintiéndose atraída por mis atributos físicos, y sin embargo, una parte importante de mi autoestima está basada en mis características físicas, y en mi capacidad para realizar esfuerzos físicos.

De la mano ha ido una alimentación sana y balanceada, que comienza cada mañana al ingerir media taza de avena hervida en agua, sin leche ni azúcar, acompañada de pasitas y una pieza de fruta, generalmente una pera. Tomo varias tazas de café al día (sin ningún tipo de edulcorante), evito tomar refresco y bebidas azucaradas y en cambio como cereales (como arroz, además de la avena) y leguminosas (frijoles) acompañado de cantidades moderadas de carne de res, pollo y pescado. Mi dieta incluye una buena cantidad de ajo, alimento exquisito que considero una maravilla por sus efectos cardiovasculares, anticancerígenos e incluso por repeler al resfriado.

Por haber comenzado a tomar medicamento psiquiátrico en el año 2011, hace casi ocho años, aumentó mucho mi masa corporal, algo indeseable para mí, pero tiempo después mis condiciones de vida mejoraron y comencé a hacer bastante ejercicio, lo cual me permitió adelgazar. Cuando obtuve mi empleo actual, volví a ganar peso y en ciertos momentos este fue considerable, pero fui reduciéndolo poco a poco y he logrado conservar la apariencia de un hombre delgado.

En las últimas semanas he perdido más masa corporal, principalmente porque estoy evitando comer en la empresa. Llevo al trabajo un sándwich (generalmente de atún) el cual como acompañado de café sin azúcar, y una o dos piezas de pan poco azucarado. En la actualidad mi peso es ligeramente inferior a los 80 kg y habiendo comenzado a hacer ejercicios con pesas en noviembre de 2017, he ido recuperando una definición muscular en mis brazos, pectorales y abdomen, reduciendo el porcentaje de tejido adiposo. A esto también ha contribuido la costumbre de bañarme con agua fría a lo largo de todo el año, lo cual cambia la proporción de grasa blanca - grasa parda. En resumen, me parece que mi apariencia física es muy buena, y considerando que ya no soy joven, que me estoy acercando a los 55 años de edad, mantener esas buenas características constituye una motivación poderosa para mantenerme asido a una vida que ha estado caracterizada por mucho sufrimiento, casi desde el principio.


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