En el transcurso del día sucedió algo que pudiera ser
importante, tiene que ver otra vez con la mujer que desde hace cinco meses ocupa
un puesto de gerencia en el departamento al que pertenezco. Su hora de entrada
es 8:30 am, la mía 11:00 am, es decir, hay dos horas y media de diferencia.
Cuando llego a mi lugar de trabajo, a unos metros del de ella, generalmente no
se encuentra en su escritorio, pues sus funciones son muy variadas e implican
visitar diferentes áreas de la empresa. Cuando ella finalmente pasó hacia su
lugar, ni siquiera volteó a verme y así entro y salió de su área, pasando
siempre junto a mi lugar, sin darse por enterada de que existo.
Volví a pensar que Omar, su subalterno, había vuelto a la
carga con su jueguito, que consiste en intrigar contra la persona a la que le
ha declarado la guerra, en este momento esa persona soy yo y lo he sido durante
un año y medio.
Mientras que esta idea no es del todo descabellada (su
actitud hacia mí parece expresar que está metido en algún tipo de dificultad de
índole laboral), el proceder de Blanca pareció deberse más que otra cosa a que
está muy ocupada, pues el puesto que ocupa implica una gran responsabilidad y
muchas tareas a realizar.
Cuando dieron las 18:00 horas, una compañera acudió a
pedirle que moviera su vehículo en el estacionamiento para poder sacar el suyo
y hallándose Blanca dándome la espalda, me dirigí a ella diciéndole “Hola,
Blanca”. Ella volteó a verme y exclamó “¿mande?” Yo repetí “hola”. Entonces
ella sonrió y me devolvió el saludo. Le dije: “más vale tarde que nunca”, a lo
que ella respondió con una sonrisa: “ya casi a la hora de la salida, ¿verdad?”
Este breve diálogo fue agradable y me hizo comprender que mi
patología provoca que me preocupe más de la cuenta por los comportamientos de
otras personas. Sin embargo, esto no significa que no sea una realidad que
desde mediados de 2017, tuve problemas porque se me dio un trato que no merecía,
y el mencionado Omar es el perpetrador, considerado un mal individuo, detestado
por muchos, un maestro en el arte del chisme y la intriga, y un marica.
De este tipo de experiencias es importante recordar la lección
aprendida para poder ir por la vida evitando preocuparme por pequeñeces, por
nimiedades y en lugar de ello ocuparme por asuntos de mayor importancia, o
simplemente disfrutar más de todo aquello que ofrece cada día. El acontecer
cotidiano no tiene porqué ser un tedio, ni estar caracterizado por el
aburrimiento y la falta de estímulos.
Mi vida va bien finalmente, y hace falta asimilar los
acontecimientos significativos que se han dado en tiempos recientes. Ha llegado
el momento de mirar hacia adelante.
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