De la situación descrita en una entrada reciente (escrita
hace pocas horas), pienso en otra que se dio el domingo pasado, en que una
mujer joven (32 años), ingeniera industrial y de sistemas de la Universidad del
Valle de México, campus Guadalajara, se puso en contacto conmigo por Twitter y
rápidamente aceptó darme de alta en su WhatsApp.
Comenzó un breve diálogo en el que le pedí que habláramos
por teléfono, invitación que ella declinó. Seguimos haciéndonos preguntas, el
tipo de información que intercambian dos personas que acaban de conocerse y
ella me hizo la observación de que no se ve mi rostro en mi TL (en Twitter), ni
en mi avatar de mi WhatsApp. Entonces yo le envié una selfie que me tomé hace
unos cuatro años y medio (no soy muy dado a tomar imágenes de mi persona) y de
pronto ella me dijo que le estaba haciendo muchas preguntas, y cómo podía saber
que yo no mentía. Yo respondí: dime solamente lo que tú quieras, sin aclararle
que yo no estaba haciendo demasiadas preguntas, en lo más absoluto.
De pronto desapareció su avatar de WhatsApp y le pregunté:
¿qué pasó? No veo tu avatar. ¿Me bloqueaste? Al cabo de unos segundos ella
respondió “ahora si” (sic).
Entonces regresé a Twitter y encontré que ella me había dado
unfollow, pero todavía podía enviarle mensaje directo. Le pregunté ¿qué paso?
Ella me respondió con otra pregunta: ¿qué quiere de mí?” a la que yo respondí “nada”.
Entonces ella me bloqueó también en Twitter.
Yo no tengo estudios de psicología ni de psiquiatría, pero
resulta demasiado evidente que el comportamiento de esta mujer es muy
patológico, muestra una paranoia grave y una seria incapacidad para hacer
raciocinios elementales. ¿Pensó que yo era uno de esos personajes de las
películas de Hollywood (género gore) que secuestran a sus víctimas y las
desaparecen de la faz de la tierra?
Teniendo su nombre y apellido, fue fácil encontrar
información sobre ella usando el buscador de Google. Encontré que había
egresado de la universidad arriba mencionada hace apenas 10 años, y si la
información que aparece sobre ella en LinkedIn es verdadera, en ese tiempo ha
tenido muchos empleos, lo que implicaría que no cuenta con estabilidad laboral.
Actualmente se desempeña como ejecutivo de ventas, algo que no sé qué tenga que
ver con ingeniería industrial y de sistemas.
Mi soledad me lleva a pasar muchas horas en Twitter, lo que
reduce el poco tiempo libre que tengo, tomando cuenta que paso 12 horas diarias
fuera de casa cinco días por semana. He intentado muchas veces conocer a
alguien principalmente en esa red social y he tenido un éxito muy escaso. La
mayoría de las personas (busco al género femenino) temen que alguien tenga
algún dato sobre ellas, como su número de teléfono celular y cuando aceptan tener
comunicación y “amistad”, la limitan a comunicación vía tweets o DMs. A más de
una le he aclarado que ese tipo de relación no me interesa, no me sirve, no es
lo que busco.
Entiendo esto en cierta medida, pero un comportamiento tan intempestivo,
sin la menor evidencia de ningún tipo de amenaza o de peligro habla, a mi
parecer, de patologías mentales bastante serias.
Yo vivo con una etiqueta, que es a la vez un estigma. Soy
paciente psiquiátrico, padezco un trastorno límite de la personalidad, lo que
hace de mí un objeto útil para responsabilizarlo de cualquier cosa que pueda
salir mal en cualquier ámbito en que me desenvuelva. Por supuesto, esta es una
forma de violencia, es una postura cómoda y a la vez una bajeza.
Y por otra parte existen un gran número de personas con una
combinación de un cociente intelectual bajo, una capacidad de raciocinio pobre,
y patologías no obvias para la mayor parte de las personas con las que
conviven, pero que sí causan problemas a otros, y no viven estigmatizadas ni
son consideradas indeseables.
Por todas partes podemos encontrar ejemplos de eso.
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