A raíz de que vi a la psicóloga Carolina el domingo pasado,
he pensado en la mujer a la que creo amar, incluso lo he hablado con otra
psicóloga, especialista en psicoanálisis. Por supuesto, ella no me da
respuestas, pero me ayuda a clarificar las ideas que surgen en mi mente, que
por mi patología aparecen de forma desordenada y caótica.
Es un hecho que estoy muy solo, y esa condición de vida es
muy dolorosa. Tengo buenos recuerdos de esa mujer a la que creo amar, incluso
he llegado a pensar (y lo he comentado con otras personas) que en una etapa de
mi vida extremadamente difícil (que duró muchos meses), no habría sobrevivido
sin ella. Pero al mismo tiempo, hay un asunto sobre un conflicto que tuve con
un servidor público, del sexo femenino, que cometió una serie de faltas e
incluso asumió conductas delictivas, de las cuales yo fui la parte agraviada.
Esa mujer a la que creo amar faltó a la verdad cuando se le requirió que diera
un dictamen respecto a la afectación que tuvo en mí lo que hizo la servidor
público que se involucró conmigo de forma incorrecta, violando la ética y
después violando la ley al incurrir en conductas delictivas. De esto, de que la
mujer a la que amo faltó a la verdad y a la ética, estoy bien seguro, pues me
lo han confirmado personas que presenciaron el hecho.
Por otra parte, esta mujer que ha cautivado mi corazón, a la
que he considerado la mejor persona que he conocido en mi vida, se ha descrito
al hablar conmigo como muy asocial, que “se la pasaba encerrada en su
habitación leyendo libros” y “se llevaba un libro a la escuela, para leer en el
recreo”. Esto no encaja en lo absoluto con lo que yo he podido observar sobre
ella y el modo como se relaciona con otras personas. Sé que tiene un círculo
social, se casó joven para tener dos hijos, practicó un deporte de equipo en el
que destacó (fue seleccionada estatal), tiene un amigo en una región del
noreste de nuestro país que cuando ella y sus seres queridos viajan para allá,
los traslada en su auto o se los presta, e incluso tiene otro amigo en un país
extranjero, muy al norte en nuestro continente.
Todo esto habla de una gran capacidad para relacionarse con
otras personas, algo que no encaja en absoluto con una persona ‘muy asocial’.
Y a mí me duele su lejanía. Cuando tengo motivos para
sentirme molesto con ella (lo que se convierte en enojo), pienso en lo que hizo
en relación con ese servidor público que atentó contra mí, provocándome un
sufrimiento tremendo e incluso atentando contra mi integridad y mi vida, pero
evito confrontarla, pues no quiero verla llorar. Es un hecho que la quiero.
Me encuentro en un dilema. No sé si alejarme de esta mujer o
permanecer en su vida, de una manera distante, con comunicación frecuente vía
WhatsApp, pero encontrándome con ella dos o tres veces al año. El hecho es que
estando tan solo, alejarme de ella solamente acarrearía más dolor a mi
existencia cotidiana, pero también me duele percatarme de que yo podría ser una
molesta para ella, pues no hay espacio para mí en su vida.
No sé qué hacer.
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