En las horas que llevo del día laboral (casi tres), he
sentido un tremendo cansancio físico y mucho sueño, pese a haber dormido bien
por la noche. La sesión de ejercicio que realicé ayer por la mañana fue fuerte,
y es posible que mi malestar se deba a ello.
Al mismo tiempo, he sentido un tremendo estrés por tener a
mis espaldas a la gerente mencionada en entradas anteriores, con sus dos
subalternos, los que tienen puestos de jefatura. Ambos son individuos del sexo
masculino que carecen de eso, de masculinidad y son el prototipo típico de lo
que en inglés recibe el término “nerd”, además con apariencia de gente
hipócrita y taimada.
Esa mujer, Blanca, ha dejado de caerme mal, pero
definitivamente no me resulta agradable. Tiene buena fisonomía, una tez blanca,
un rostro armónico, es muy alta si bien presenta una figura muy antiestética
por las dimensiones de su cadera. No sé qué piensa ella de mí, y pienso mucho
en eso, algo improductivo y molesto. Ella tiene muy buena relación con el par
de subalternos que tiene dentro de esa área de la oficina, confinada, que hasta
hace un año y medio era una salita de juntas. Que se lleve bien con gente como
Omar habla muy mal de ella, pues habiéndose dado cuenta de que el tipo es un
crótalo, intrigante y cobarde, debió alejarse de él en buena medida. Con esto
quiero decir que Blanca debió limitar su convivencia a asuntos de trabajo con
el alfeñique alimaña, y debió suprimir absolutamente todo asunto personal.
Por otra parte, hoy en la mañana al revisar mi Smartphone me
di cuenta de que una compañera con la que siempre he tenido buena relación
aparecía en mi WhatsApp como si me hubiera bloqueado. Esto me produjo un malestar
muy intenso y le envié dos mensajes (que ella no respondió), después de lo cual
le marqué, y ella no contestó. Tomé entonces el Smartphone de mi madre y
agregué a mi compañera como contacto. Al revisar el WhatsApp me di cuenta de
que aparecía igual, como si hubiera bloqueado (en este caso el número de mi
madre, lo cual no era posible) y me tranquilicé un poco.
Llegué a mi trabajo un poco antes de las once, y lo primero
que hice fue acercarme a esa compañera. Ella me dijo que su teléfono estaba
funcionando normalmente, que no me había bloqueado, y que lo revisaría al salir
a comer. Esto último porque a la mayoría de quienes trabajamos en mi
departamento, no se nos permite ingresar a la oficina con Smartphone y hay que
dejarlo en Seguridad.
El malestar que he sentido en las horas de la mañana,
también tiene que ver con que siento que en mi departamento se me ha dado un
trato que no merezco, hostilidad de varias personas muy allegadas a la
directora y la guerra cobarde del infame alfeñique. En relación con esto, el
gerente de recursos humanos cayó de mi gracia y ahora lo considero una persona
despreciable.
En momentos así debería pensar en lo bueno que hay en mi
vida, por ejemplo mi queridísima amiga, la que fue mi terapeuta, que pese a no
tener mucha comunicación vía telefónica (aunque sí por WhatsApp) y vernos dos o
tres veces al año, ocupa un lugar muy importante en mi existencia y es la
persona a la que más quiero en el mundo. También está mi madre, pese a nuestra
historia difícil, y mis perritas, que me dan su compañía y su amor
incondicional.
Es muy probable que el próximo sábado me dirija a una
asociación psicoanalítica, a una entrevista y a responder un cuestionario, con
intención de solicitar terapia. Será muy interesante llegar a conocerme a mí
mismo con la ayuda de una herramienta tan importante como el
psicoanálisis. Ese tratamiento me
proporcionará además bastante material para escribir en mi blog y en forma de
apuntes, para en algún momento darle forma, algún tipo de literatura.
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