jueves, 10 de enero de 2019

Las primeras horas del día, bastante difíciles


En las horas que llevo del día laboral (casi tres), he sentido un tremendo cansancio físico y mucho sueño, pese a haber dormido bien por la noche. La sesión de ejercicio que realicé ayer por la mañana fue fuerte, y es posible que mi malestar se deba a ello.

Al mismo tiempo, he sentido un tremendo estrés por tener a mis espaldas a la gerente mencionada en entradas anteriores, con sus dos subalternos, los que tienen puestos de jefatura. Ambos son individuos del sexo masculino que carecen de eso, de masculinidad y son el prototipo típico de lo que en inglés recibe el término “nerd”, además con apariencia de gente hipócrita y taimada.

Esa mujer, Blanca, ha dejado de caerme mal, pero definitivamente no me resulta agradable. Tiene buena fisonomía, una tez blanca, un rostro armónico, es muy alta si bien presenta una figura muy antiestética por las dimensiones de su cadera. No sé qué piensa ella de mí, y pienso mucho en eso, algo improductivo y molesto. Ella tiene muy buena relación con el par de subalternos que tiene dentro de esa área de la oficina, confinada, que hasta hace un año y medio era una salita de juntas. Que se lleve bien con gente como Omar habla muy mal de ella, pues habiéndose dado cuenta de que el tipo es un crótalo, intrigante y cobarde, debió alejarse de él en buena medida. Con esto quiero decir que Blanca debió limitar su convivencia a asuntos de trabajo con el alfeñique alimaña, y debió suprimir absolutamente todo asunto personal.

Por otra parte, hoy en la mañana al revisar mi Smartphone me di cuenta de que una compañera con la que siempre he tenido buena relación aparecía en mi WhatsApp como si me hubiera bloqueado. Esto me produjo un malestar muy intenso y le envié dos mensajes (que ella no respondió), después de lo cual le marqué, y ella no contestó. Tomé entonces el Smartphone de mi madre y agregué a mi compañera como contacto. Al revisar el WhatsApp me di cuenta de que aparecía igual, como si hubiera bloqueado (en este caso el número de mi madre, lo cual no era posible) y me tranquilicé un poco.

Llegué a mi trabajo un poco antes de las once, y lo primero que hice fue acercarme a esa compañera. Ella me dijo que su teléfono estaba funcionando normalmente, que no me había bloqueado, y que lo revisaría al salir a comer. Esto último porque a la mayoría de quienes trabajamos en mi departamento, no se nos permite ingresar a la oficina con Smartphone y hay que dejarlo en Seguridad.

El malestar que he sentido en las horas de la mañana, también tiene que ver con que siento que en mi departamento se me ha dado un trato que no merezco, hostilidad de varias personas muy allegadas a la directora y la guerra cobarde del infame alfeñique. En relación con esto, el gerente de recursos humanos cayó de mi gracia y ahora lo considero una persona despreciable.

En momentos así debería pensar en lo bueno que hay en mi vida, por ejemplo mi queridísima amiga, la que fue mi terapeuta, que pese a no tener mucha comunicación vía telefónica (aunque sí por WhatsApp) y vernos dos o tres veces al año, ocupa un lugar muy importante en mi existencia y es la persona a la que más quiero en el mundo. También está mi madre, pese a nuestra historia difícil, y mis perritas, que me dan su compañía y su amor incondicional.

Es muy probable que el próximo sábado me dirija a una asociación psicoanalítica, a una entrevista y a responder un cuestionario, con intención de solicitar terapia. Será muy interesante llegar a conocerme a mí mismo con la ayuda de una herramienta tan importante como el psicoanálisis.  Ese tratamiento me proporcionará además bastante material para escribir en mi blog y en forma de apuntes, para en algún momento darle forma, algún tipo de literatura.


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