jueves, 10 de enero de 2019

Noche del miércoles, luces para mi bicicleta y mis mascotas desobedientes


Ayer por la noche, después de cenar, abrí el envío de Amazon, consistente en unas luces para mi bicicleta. Inmediatamente subí a mi habitación y coloqué la luz delantera en el manubrio, y la trasera en el poste del asiento. Se me ocurrió entonces salir a dar un paseo, haciéndome acompañar por mis perritas, eran más de las diez de la noche.

Al abrir la reja, mis mascotas salieron velozmente dirigiéndose al parque, descendiendo por las escaleras de piedra. Las llamé, pero no me hicieron ningún caso. Entonces, llevando mi bicicleta, bajé por las escaleras y recorrí el parque buscándolas, sin ningún éxito. Me dirigí a la otra sección del parque (este se interrumpe por una calle), misma que recorrí en mi bicicleta, que por ser de ruta tiene llantas angostas que se inflan a una presión superior a 100 libras por pulgada cuadrada. Para mi sorpresa, no tuve ningún contratiempo, pese a pisar todo tipo de suelo, firme en unos tramos, con tierra suelta y piedras en otros.

Salí por la parte que conecta a una de las calles a las que les ponen por nombre “paseo de…” y recorrí mi circuito de 4000 m. Llevaba casco y guantes, pero en lugar de mi atuendo de ciclista (shorts y zapatillas) llevaba pantalón de mezclilla y zapatos sport. No vi a mis perritas por ningún lado y regresé a casa, sintiéndome frustrado y preocupado.

Pensé entonces que mis mascotas tienen ya 21 meses conmigo y conocen muy bien los alrededores, que la posibilidad de que no regresaran era prácticamente nula y prendí la televisión y el dvd y puse un disco, la película francesa “la bella latosa”, que he visto sin poner atención, sintiéndome cautivado por la desnudez de Emmanuelle Beart.

Procuré tranquilizarme y al cabo de unos 20 minutos oí a muchos perros ladrar. Salí entonces de casa y crucé la calle, dirigiéndome al parque, y en el borde de la parte alta pude divisar a mis mascotas, al parecer ya satisfechas del paseo y su acto de rebeldía, dirigiéndose a casa. Una vez que entraron a la cochera, cerré la reja y ya en el interior, apagué los aparatos (televisión, dvd y estéreo) y subí a prepararme para dormir. Creo que me quedé dormido alrededor de la media noche.

Desperté en la madrugada (no demasiado temprano, unos minutos antes de las cinco) y logré volver  a conciliar el sueño. Volví a despertar a las siete treinta y después de unos minutos me levanté para bajar a tomar mi taza de café con pan, seguida de mi tazón de avena. Después de escoger las prendas de ropa para usar hoy, tomé un baño y me dispuse a dirigirme al trabajo, donde pasaré muchas horas en el cuarto y penúltimo día laboral de la semana.

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