Cambié en mi ‘bío’ en mi cuenta de Twitter la dirección de
mi blog, sustituyéndola por la de este, que voy iniciando. Además creé una
cuenta alterna en esa red social, pues la que uso desde el 2011 (con poco más
de 4500 seguidores) fue suspendida porque un grupo de usuarios la reportaron
acusándome de estar acosando mujeres, algo falso que además carecía de la
mínima evidencia.
De todas formas, los administradores de Twitter suspendieron
mi cuenta durante 12 horas el día de ayer, miércoles 9 de enero de 2019, pero ahora
pienso reducir mi participación en esa red social.
Existe una institución de salud mental en el estado donde
vivo, de nombre Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME), donde fui
paciente a partir de abril de 2007, unos meses antes de que muriera mi padre,
prácticamente un año después de la muerte de mi hermana menor. Cuando llegué a
esa institución el director de la misma era Benjamín Becerra, mismo que fue
sustituido por Daniel Ojeda cuando terminó el sexenio de Ramírez Acuña e inició
el de González Márquez, par de delincuentes intocables.
Lo único que me funcionó en ese mal lugar (y hasta la fecha)
fue la atención telefónica del Centro de Intervención en Crisis, si bien he de
aclarar que hablo solamente con dos psicólogas (de las cuales una está ausente
en este momento y no sé si vaya a regresar, por no pertenecer a la Secretaría
de Salud, sino que ha estado ahí por Seguro Popular).
Hace 10 años, durante el año 2008 tuve problemas muy serios
en esa institución, en el que incluso una de sus empleadas (de muy mala
reputación) cometió una serie de faltas contra mí e incluso incurrió en
conductas delictivas, todo lo cual se comprobó y la institución encubrió, algo
frecuente en el servicio público, en este país en que vivimos que
justificadamente puede calificarse como Estado Fallido.
En esa institución, SALME, han estado leyendo mis blogs.
Seguramente no tienen nada más importante que hacer. Su página de internet (una
verdadera porquería) exalta su supuesta buena labor, omitiendo decir las
irregularidades que se cometen ahí, que se trata muy mal a los usuarios, que una
alta proporción de psicólogos y psiquiatras son gente con problemas de salud
mental que los incapacitan para hacer su trabajo, y en el mejor de los casos su
labor no sirve para nada.
Entre mis malas experiencias, me topé con residentes de
psiquiatría con delirios de grandeza, con narcicismos muy patológicos que les
hacen considerarse a sí mismos semi-dioses. Al terminar su residencia, seres
superiores al resto de los mortales, cuando en realidad sus vidas son un
verdadero desastre.
Me pregunto, ¿cuál es el objetivo al leer mis blogs? Pudiera
ser que me vean como un caso clínico de un individuo TLP del sexo masculino. Es
un hecho que en esa institución soy considerado un paciente peligroso. Esto porque
yo no le permito a nadie que me haga daño, mucho menos si no le he dado motivos.
Una empleada de esa institución me atacó hace 10 años y yo respondí a la
agresión. Las consecuencias para ella fueron muy graves, resultado de su proceder
inmoral y delincuencial, respaldado por quienes en ese momento eran los
dirigentes de esa porquería de institución, los más importantes dos
psiquiatras: Daniel Ojeda y Eduardo Valle; el primero un individuo pusilánime y
cobarde, el segundo un verdadero pendejo.
Yo no he puesto un pie en ese lugar en muchos años,
posiblemente desde 2009. Ahora recibo la atención en el Hospital Civil Fray
Antonio Alcalde, un ejemplo de que pese a toda la corrupción y el burocratismo,
se pueden hacer bien las cosas. Esto no es mérito de Benjamín Becerra, actual
director de ese hospital, sino de muchos de sus empleados que cotidianamente
realizan una buena labor.
Como decía en párrafos anteriores, en la actualidad hago uso
solamente del Centro de Intervención en Crisis, atención telefónica y si la
psicóloga que estuvo ahí por Seguro Popular no regresa, ese servicio podría
dejar de ser mi última opción.
Así las cosas.
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