jueves, 10 de enero de 2019

Mi blog se lee en una institución pública de salud mental


Cambié en mi ‘bío’ en mi cuenta de Twitter la dirección de mi blog, sustituyéndola por la de este, que voy iniciando. Además creé una cuenta alterna en esa red social, pues la que uso desde el 2011 (con poco más de 4500 seguidores) fue suspendida porque un grupo de usuarios la reportaron acusándome de estar acosando mujeres, algo falso que además carecía de la mínima evidencia.

De todas formas, los administradores de Twitter suspendieron mi cuenta durante 12 horas el día de ayer, miércoles 9 de enero de 2019, pero ahora pienso reducir mi participación en esa red social.

Existe una institución de salud mental en el estado donde vivo, de nombre Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME), donde fui paciente a partir de abril de 2007, unos meses antes de que muriera mi padre, prácticamente un año después de la muerte de mi hermana menor. Cuando llegué a esa institución el director de la misma era Benjamín Becerra, mismo que fue sustituido por Daniel Ojeda cuando terminó el sexenio de Ramírez Acuña e inició el de González Márquez, par de delincuentes intocables.

Lo único que me funcionó en ese mal lugar (y hasta la fecha) fue la atención telefónica del Centro de Intervención en Crisis, si bien he de aclarar que hablo solamente con dos psicólogas (de las cuales una está ausente en este momento y no sé si vaya a regresar, por no pertenecer a la Secretaría de Salud, sino que ha estado ahí por Seguro Popular).

Hace 10 años, durante el año 2008 tuve problemas muy serios en esa institución, en el que incluso una de sus empleadas (de muy mala reputación) cometió una serie de faltas contra mí e incluso incurrió en conductas delictivas, todo lo cual se comprobó y la institución encubrió, algo frecuente en el servicio público, en este país en que vivimos que justificadamente puede calificarse como Estado Fallido.

En esa institución, SALME, han estado leyendo mis blogs. Seguramente no tienen nada más importante que hacer. Su página de internet (una verdadera porquería) exalta su supuesta buena labor, omitiendo decir las irregularidades que se cometen ahí, que se trata muy mal a los usuarios, que una alta proporción de psicólogos y psiquiatras son gente con problemas de salud mental que los incapacitan para hacer su trabajo, y en el mejor de los casos su labor no sirve para nada.

Entre mis malas experiencias, me topé con residentes de psiquiatría con delirios de grandeza, con narcicismos muy patológicos que les hacen considerarse a sí mismos semi-dioses. Al terminar su residencia, seres superiores al resto de los mortales, cuando en realidad sus vidas son un verdadero desastre.

Me pregunto, ¿cuál es el objetivo al leer mis blogs? Pudiera ser que me vean como un caso clínico de un individuo TLP del sexo masculino. Es un hecho que en esa institución soy considerado un paciente peligroso. Esto porque yo no le permito a nadie que me haga daño, mucho menos si no le he dado motivos. Una empleada de esa institución me atacó hace 10 años y yo respondí a la agresión. Las consecuencias para ella fueron muy graves, resultado de su proceder inmoral y delincuencial, respaldado por quienes en ese momento eran los dirigentes de esa porquería de institución, los más importantes dos psiquiatras: Daniel Ojeda y Eduardo Valle; el primero un individuo pusilánime y cobarde, el segundo un verdadero pendejo.

Yo no he puesto un pie en ese lugar en muchos años, posiblemente desde 2009. Ahora recibo la atención en el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, un ejemplo de que pese a toda la corrupción y el burocratismo, se pueden hacer bien las cosas. Esto no es mérito de Benjamín Becerra, actual director de ese hospital, sino de muchos de sus empleados que cotidianamente realizan una buena labor.

Como decía en párrafos anteriores, en la actualidad hago uso solamente del Centro de Intervención en Crisis, atención telefónica y si la psicóloga que estuvo ahí por Seguro Popular no regresa, ese servicio podría dejar de ser mi última opción.

Así las cosas.

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