martes, 22 de enero de 2019

Mi soledad, mis intereses y una posible solución al problema


Tengo más de 50 años, en poco más de tres meses tendré 55 y pese a mis buenas condiciones físicas y cognitivas, no es posible disimular mi edad. Es un hecho que ya no tengo la energía que tuve en mi juventud, y lo que me preocupa es la dificultad para encontrar una pareja, y para desarrollar una relación que perdure.

Es cierto que no quiero una relación con una mujer joven, sino con una de más de 40 años, por la brecha generacional que aparecería con una mujer nacida cuando yo tenía más de 20 años de edad, y porque muy probablemente esa mujer querría tener hijos, algo que jamás ha estado en mis planes, mucho menos teniendo más de medio siglo de edad.

Por otra parte, mi madre cumplirá mañana 77 años de edad, en un buen estado de salud tanto físico como mental. El único deterioro de consideración que ha sufrido es el del sentido del oído, oye solamente por el derecho, un poco. Por lo demás, muestra muy buenos niveles de energía y pasa mucho tiempo leyendo diferentes géneros de novelas (compradas a partir de mayo del año pasado a amazon.com, formato Kindle).

En tiempos recientes he informado a mi madre sobre acontecimientos importantes de mi vida, algo que habría sido difícil hacer en otro momento porque pese a su edad, parecía no contar con la madurez necesaria para asimilar esa información. He llevado a cabo acciones que pocas personas se atreven a hacer, porque involucran riesgos muy altos respecto a posibles consecuencias, no tanto legales pues lo que he hecho no viola la ley, sino que podrían dar lugar a escándalos y daños a la reputación propias y de otras personas.

A decir verdad, sí he asumido conductas que han puesto en riesgo a otras personas, pero en los casos en que sucedió esto, hubo siempre la justificación de que esas gentes me agredieron, pensando que soy inofensivo, un individuo insignificante, débil al que cualquiera puede pisotear sin temer ninguna consecuencia por ello. Algunas de esas personas no han acabado de arrepentirse, otras ya se fueron de este mundo.

Al hablar con personas significativas, por ejemplo en el ámbito laboral, he expresado que hay principios que rigen mi vida y la cobardía no es uno de ellos. He sido congruente con mis ideas y he tenido la ocasión de demostrar la veracidad de lo que digo de forma inmediata, dejando poco lugar para la duda. Siendo así, no alcanzo a entender por qué me preocupa (o me lastima) tanto lo que otras personas piensen de mí, por ejemplo ante habladurías de alimañas como mi compañero en la oficina, el alfeñique con puesto de jefatura que se dedica a esparcir rumores, chismes e intrigas y los efectos que su ponzoña pueda tener en el modo como me ven otros compañeros, y en su actitud hacia mí.

Es un hecho que mi soledad me duele, pues si soy un solitario no es porque esa sea mi naturaleza, sino debido a mi patología, que me dificulta tanto convivir con otras personas y desarrollar relaciones significativas. Sin embargo, también es cierto que buena parte del tiempo deseo dedicarme a actividades en solitario; por ejemplo, mi trabajo consiste en traducir documentos; mi deporte es el ciclismo, al que hay que dedicarle bastante tiempo de entrenamiento de preferencia solo, por las necesidades individuales, diferentes en cada ciclista; la lectura y el hábito de escribir e incluso al convivir con alguien, prefiero que sea con una sola persona, pues tener más gente participando en una conversación da lugar a distracciones y la pérdida del enfoque en el tema del que se habla.

 Había pensado antes de concebir la idea de recurrir al psicoanálisis como una forma de terapia, en tomar un curso de escritura creativa, en parte por la actividad, y en parte por conocer a otras personas con intereses comunes a los míos. Es un hecho que al relacionarme con otras personas, ya sea buscando una relación de amistad o de pareja, prefiero hacerlo con el género femenino, pues la posibilidad de que aparezca la detestable competencia es más probable al involucrarme con individuos del sexo masculino, donde el narcisismo patológico parece ser mucho más frecuente.


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