Tengo más de 50 años, en poco más de tres meses tendré 55 y
pese a mis buenas condiciones físicas y cognitivas, no es posible disimular mi
edad. Es un hecho que ya no tengo la energía que tuve en mi juventud, y lo que
me preocupa es la dificultad para encontrar una pareja, y para desarrollar una
relación que perdure.
Es cierto que no quiero una relación con una mujer joven,
sino con una de más de 40 años, por la brecha generacional que aparecería con
una mujer nacida cuando yo tenía más de 20 años de edad, y porque muy
probablemente esa mujer querría tener hijos, algo que jamás ha estado en mis
planes, mucho menos teniendo más de medio siglo de edad.
Por otra parte, mi madre cumplirá mañana 77 años de edad, en
un buen estado de salud tanto físico como mental. El único deterioro de
consideración que ha sufrido es el del sentido del oído, oye solamente por el
derecho, un poco. Por lo demás, muestra muy buenos niveles de energía y pasa
mucho tiempo leyendo diferentes géneros de novelas (compradas a partir de mayo
del año pasado a amazon.com, formato Kindle).
En tiempos recientes he informado a mi madre sobre
acontecimientos importantes de mi vida, algo que habría sido difícil hacer en
otro momento porque pese a su edad, parecía no contar con la madurez necesaria
para asimilar esa información. He llevado a cabo acciones que pocas personas se
atreven a hacer, porque involucran riesgos muy altos respecto a posibles
consecuencias, no tanto legales pues lo que he hecho no viola la ley, sino que
podrían dar lugar a escándalos y daños a la reputación propias y de otras
personas.
A decir verdad, sí he asumido conductas que han puesto en
riesgo a otras personas, pero en los casos en que sucedió esto, hubo siempre la
justificación de que esas gentes me agredieron, pensando que soy inofensivo, un
individuo insignificante, débil al que cualquiera puede pisotear sin temer
ninguna consecuencia por ello. Algunas de esas personas no han acabado de
arrepentirse, otras ya se fueron de este mundo.
Al hablar con personas significativas, por ejemplo en el
ámbito laboral, he expresado que hay principios que rigen mi vida y la cobardía
no es uno de ellos. He sido congruente con mis ideas y he tenido la ocasión de
demostrar la veracidad de lo que digo de forma inmediata, dejando poco lugar
para la duda. Siendo así, no alcanzo a entender por qué me preocupa (o me
lastima) tanto lo que otras personas piensen de mí, por ejemplo ante
habladurías de alimañas como mi compañero en la oficina, el alfeñique con
puesto de jefatura que se dedica a esparcir rumores, chismes e intrigas y los efectos
que su ponzoña pueda tener en el modo como me ven otros compañeros, y en su actitud
hacia mí.
Es un hecho que mi soledad me duele, pues si soy un
solitario no es porque esa sea mi naturaleza, sino debido a mi patología, que
me dificulta tanto convivir con otras personas y desarrollar relaciones significativas.
Sin embargo, también es cierto que buena parte del tiempo deseo dedicarme a
actividades en solitario; por ejemplo, mi trabajo consiste en traducir
documentos; mi deporte es el ciclismo, al que hay que dedicarle bastante tiempo
de entrenamiento de preferencia solo, por las necesidades individuales,
diferentes en cada ciclista; la lectura y el hábito de escribir e incluso al
convivir con alguien, prefiero que sea con una sola persona, pues tener más
gente participando en una conversación da lugar a distracciones y la pérdida
del enfoque en el tema del que se habla.
Había pensado antes
de concebir la idea de recurrir al psicoanálisis como una forma de terapia, en
tomar un curso de escritura creativa, en parte por la actividad, y en parte por
conocer a otras personas con intereses comunes a los míos. Es un hecho que al
relacionarme con otras personas, ya sea buscando una relación de amistad o de
pareja, prefiero hacerlo con el género femenino, pues la posibilidad de que
aparezca la detestable competencia es más probable al involucrarme con
individuos del sexo masculino, donde el narcisismo patológico parece ser mucho
más frecuente.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario