En las horas que le quedan al día (hasta las once de la noche) deberé hacer una llamada telefónica a otra entidad de la república, buscando a mi terapeuta Celia, una joven psicóloga con especialidad en psicoanálisis. Le hablaré de mi decisión de no asistir a la cita del sábado (ayer) con el terapeuta Juan Carlos y de la crisis que se detonó el viernes por la noche.
Pensando en esto último, debería toma en cuenta la posibilidad de que esté equivocado respecto a la directora de mi departamento, que en realidad ella no esté tan enojada o tan molesta conmigo y su actitud distante se deba más bien a que está enfrentando problemas (como la pérdida de documentos de pruebas analíticas) que pudieran acarrear serias dificultades. Y pensando en la posibilidad de que esa mujer sí esté molesta conmigo, esa animadversión hacia mí no tendría por qué durar mucho tiempo, pues de alguna manera somos afines, en parte por la edad (ella tiene dos años menos que yo) y en parte porque tenemos ciertas características comunes, como el mismo origen geográfico y un cociente intelectual alto (si bien ella ha hecho mucho con su vida y yo no he hecho casi nada con la mía).
Por otra parte, tengo que recordar lo que este empleo ha traído a mi existencia. No gano mucho dinero, pero tomando en cuenta el modo como viví casi toda mi vida adulta, careciendo de un empleo y en consecuencia sin tener ingresos, sin dinero, cayendo incluso en pobreza alimentaria con todo lo que ello implica (mi soledad y el agravamiento de mi patología mental, por ejemplo), en la actualidad parezco ser un hombre rico, cuya fortuna se revalida cada catorce días.
Cada mañana bajo a prepararme una taza de café, después de lo cual me dirijo a la sala y enciendo la Smart TV, que es el segundo aparato de televisión que compro en los últimos años (el primero fue una pantalla, pues ignoraba la existencia de la llamada ‘televisión inteligente). Me ejercito varios días por semana en mi bicicleta Cannondale, que compré usada en el último fin de semana de octubre de 2016 pero aparenta ser nueva, en las zapatillas y los shorts, casco y demás implementos de mi deporte (el ciclismo) que tengo a mi disposición, además de toda la ropa y los pares de zapatos que he adquirido, y el orden que contar con un empleo ha traído a mi vida. Posiblemente lo más importante: ser autosuficiente y ganarme el respeto (y posiblemente el odio) de otras personas.
Todo esto es muy valioso y vale la pena contemplarlo y tenerlo presente en todo momento, especialmente en los momentos difíciles en que siento que el trato que he recibido en el departamento al que pertenezco no ha sido justo (algo que indudablemente es cierto). También tengo que encontrar la manera de dejar de darle tanta importancia a las actitudes de otras personas (sobre todo de las que tengo a mi alrededor) y de lo que puedan pensar de mí. Tengo que desarrollar una mayor capacidad de análisis, algo así como una terapia en la que piense detenidamente las posibilidades de que algo esté ocurriendo (evaluando la posibilidad de que no sea así) y si el fenómeno en cuestión estuviera llevándose a cabo, en qué medida me afectaría.
Uno de mis grandes problemas es la soledad en la que vivo, y otra tarea pendiente es aprender a relacionarme con otras personas, sin grandes expectativas (por lo menos al principio) y aprendiendo a ser más tolerante y menos obsesivo ante la falta de inteligencia, de capacidad de raciocinio o de formación académica o cultural en otras personas.
Son tareas pendientes que puedo empezar a llevar a cabo.
Inicia otro año y tomo la decisión de continuar escribiendo un blog sobre mi trastorno límite de la personalidad (TLP [Borderline]) en otro espacio, ahora anónimo para evitar problemas y tener mayor libertad de expresión.
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