En días pasados, conocí a una mujer en Twitter con simpatías
políticas parecidas a las mías. Nos seguimos mutuamente y después nos
comunicamos por mensaje directo (DM). Ella y yo intercambiamos cierta
información muy básica y yo le dije que me siento muy solo y quisiera encontrar
una amiga. Le pregunté si había la posibilidad de que me añadiera a su WhatsApp
y ella me respondió que sí, preguntándome mi nombre para ponerme entre sus
contactos.
Pasaron 24 horas y esta mujer, a quien yo llamaba Clau
(diminutivo de Claudia), no apareció en mi WhatsApp. Le envié un mensaje
directo, diciéndole que pasaban las horas y nada, que suponía que no iba a
suceder (su aparición en ese Messenger). Ella guardó silencio, leyó mi DM pero
no me respondió. Mi malestar comenzó a crecer, pues mirando su time line (TL)
me di cuenta que seguía haciendo uso de su cuenta de Twitter, pero me estaba
ignorando.
Y surge la pregunta: ¿por qué alguien acepta algo de manera
voluntaria, para no hacerlo, e incluso decide ignorar a quien la busca? Ignorar
a alguien es lo peor que se le puede hacer. Entonces me trastorno se apoderó de
mí. Ya era de noche y yo acababa de cenar, me encontraba en mi recámara y la
intención era continuar con la lectura de Mary Barton, de Elizabeth Gaskell (en
inglés), pero mi obsesividad me mantuvo pegado a mi Smartphone, metido en mi
cuenta de Twitter. Le escribí entonces unos tweets ofensivos y ella me mandó
uno de esos tweets vía DM, dándome block.
A la media noche apagué mi Smartphone y lo puse a cargar.
Desperté de madrugada, antes de las cinco de la mañana y decidí llevar a pasear
a mis mascotas. Mi Smartphone se había cargado al cien por ciento y al
encenderlo, vi un buen número de tweets dirigidos a mí, o que tenían que ver
conmigo. Todos tenían relación con mi conflicto con esta mujer, pero ninguno
era realmente ofensivo. En realidad las personas que participaron estaban
llamándome ‘stalker’, interpretando que ella se había negado a darme su número
de teléfono (cuando en realidad yo se lo había dado, pidiéndome que me añadiera
a sus contactos, cosa que ella había aceptado) y ella “había limitado el acoso”.
Sin perder la calma (iba caminando por la calle, paseando a
mis perritas), respondí algunos tweets, evitando usar insultos. Más tarde, ya
en casa, apareció una joven tuitera que vive en Italia, que estudió en una
universidad de ese país (algo relacionado con ingeniería farmacéutica, no
recuerdo bien), de muy alto nivel intelectual. Esta dama me llamó la atención y
argumentamos de buena manera, respetuosa. Al ver su TL me di cuenta de que me
había dado unfollow y yo tampoco la seguía. Hay maneras de conseguir esto, por
ejemplo darle block a alguien y quitárselo inmediatamente. Eso hizo esta dama,
a quien siempre he tenido en muy alta estima, lo que me provocó tristeza, pero
acepté su decisión.
Hablando con la verdad, no estoy arrepentido por haberle
expresado lo que sentía a esa mujer de nombre María Claudia (o algo así), pues
ella mostró una gran falta de consideración hacia mí y hacia mis sentimientos.
Las personas que presenciaron la interacción entre ella y yo (de manera
parcial), hicieron una interpretación errónea, asumiendo que ella como mujer es
víctima, y yo como hombre soy victimario, un acosador de mujeres. Bueno, este
no es el caso y no voy a perder el sueño por errores de otras personas,
provocados por ideas preconcebidas y por no contar con información suficiente.
Lo que sí lamento es que esa dama, la que tuitea desde
Italia, ingeniera farmacéutica (o algo parecido) haya dejado de seguirme, pues
yo disfrutaba mucho leyendo sus tweets (que reflejan su alto cociente
intelectual, además de una gran espontaneidad) y este tipo de personas, tan
inteligentes y a la vez sencillas y accesibles no son fáciles de encontrar.
Si una persona (independientemente de su género o condición
social) no quiere ser violentada, debe evitar violentar a otros. Si esa mujer María
Claudia no tiene conciencia de lo que hace, o de plano no le importa y me hace
sentir mal, la razón para no ofenderla debe ser evitar que aparezcan los
síntomas de mi trastorno, no tanto cómo pueda hacerla sentir a ella. No tiene
sentido pedirle a una persona que tome en cuenta a otra, si esa otra muestra
una absoluta falta de consideración y respeto por los sentimientos de la
primera.
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