jueves, 31 de enero de 2019

Y pensando en la mejor persona que he conocido en mi vida


A la vez que he sentido un gran bienestar durante las horas transcurridas en mi lugar de trabajo, he pensado en Laura, ese bello ser humano que apareció en mi vida en un trance difícil —la muerte de mi padre, un individuo terrible— cuya adversidad no se debió al evento en sí, sino a un conflicto con mi familia por haberme negado a asistir al funeral del peor enemigo que tuve jamás.

Durante el pasado mes de diciembre sufrí una serie de crisis por eventos que me llevaron a acabar de comprender la gravedad de mi patología (mi trastorno límite de la personalidad) y el efecto tan devastador que  ha tenido en mi vida, pero todavía más terrible, las actitudes y malas acciones de personas muy cercanas a mí, como mi familia nuclear, mis padres y mis hermanas, sumándose profesionales de la salud mental, como ese psiquiatra Flavio Miramontes Montoya, una persona verdaderamente de lo peor.

En momentos de mucho sufrimiento tuve comunicación con Laura, vía telefónica, que me ayudó a aminorar el dolor, pero al mismo tiempo, comencé a lamentar la lejanía con esta mujer tan extraordinaria pues el año pasado nos vimos solamente en tres ocasiones (la primera de ellas por espacio de unos cuantos minutos) y después de julio (la última vez que nos vimos) nuestra comunicación se limitó a diálogos por WhatsApp y muy contadas (y breves) conversaciones telefónicas.

Sé bien que hay una razón para ello y es que Laura se encuentra muy ocupada con una familia que atender, con el trabajo en su consultorio, como catedrática en una universidad, y otras labores como una investigación (de la que no conozco mayores detalles) lo cual me despierta admiración por ella (algo que no es nuevo), pero no disminuye el pesar que su ausencia me hace sentir.

Y se me ha ocurrido que una persona tan hermosa no me expulsaría de su vida, que se mantendría alejada de mí (me refiero a no comunicarse conmigo), pero al cabo de un tiempo, me perdonaría, sabiendo bien que tengo una patología muy grave; Laura es muy empática y muy humana, y esas son algunas de las razones por las que la considero la mejor persona que he conocido en mi vida.

Me había hecho el propósito de no contactarla (por ejemplo usando el Smartphone), pero ayer le envié un mensaje vía WhatsApp diciéndole “ojalá puedas perdonarme”, a lo que ella respondió “no te tengo rencor”. Había borrado incluso su número de entre mis contactos, pero después comprendí perder la posibilidad de al menos contemplar su rostro en su avatar de este chat constituía un error e intensificaba mi tristeza.

He pensado en la manera de hacerle saber lo que siento por ella y pedirle que no se vaya de mi vida, dejando claro también que si ella decidiera hacer esto último, me dolería mucho pero lo aceptaría y ella jamás tendría nada que temer de mí.

Laura ha sido una luz en mi vida porque es el ejemplo vivo de la manifestación de la mayor de las riquezas humanas: la capacidad de amar. Como había expresado antes, tengo la sospecha (casi certidumbre) de que su vida ha sido tan difícil como la mía y Laura no desarrolló una patología ni se llenó de resentimiento, y mucho menos de odio.

Para mí, lo más valioso en la vida es el amor, es en realidad lo único que tiene sentido; pero tengo una gran carencia de eso en mi vida y no me refiero solamente a que necesito alguien a quien amar y que me corresponda, sino a que llevo mucha furia dentro de mí, y una gran violencia potencial. Mucho del dolor en mi interior tiene que ver con el resentimiento y el odio que con el paso del tiempo han ido creciendo en mi psiquis, mismos que me dificultan sentir empatía por otras personas y provocan incluso que otros me vean como una persona peligrosa, algo que quisiera pensar no que soy.

Es por ello que admiro a esa mujer que ha estado presente en mi vida en estos últimos tres años, a quien encontré hace once tras la muerte de mi terrible padre y quisiera pensar que este periodo de separación es transitorio y hay un mañana en nuestra relación. No sé si ella lo recuerda, pero a principios de 2016, hace casi tres años, le pedí que me viera como a un hermano y aceptara mi amor fraterno, a lo que ella accedió.

Te quiero mucho, Laura. No te vayas de mi vida.  

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