martes, 5 de febrero de 2019

Estoy muy deprimido

Es un hecho que estoy deprimido, pese a estar tomando la fluoxetina y haberme mantenido activo en mi deporte (el ciclismo); la caída del domingo 13 de enero hizo que bajara mi actividad, pero no que la suspendiera. He dormido bastante bien, mi alimentación ha sido óptima, he perdido peso como resultado de los ajustes a mi alimentación (bajar la ingesta de calorías, evitando la comida en mi lugar de trabajo) y disminuir el consumo de cerveza, esto último porque esa bebida tiene muchas calorías, no porque me exceda. No tengo un problema de abuso de sustancias, jamás lo he tenido.

Hoy desperté a las 4:00 horas, pero salí de la cama 40 minutos más tarde, para llevar a caminar a mis mascotas. Al regresar, antes de las 6:00 me tomé una taza de café con una pieza de pan, mirando videos de ciclismo en youtube, sobre todo del Tour de Francia. De pronto descubrí que mi mente ha estado bloqueada en buena medida, limitándome a ver videos musicales de forma muy repetitiva, lo que he hecho que pierdan su encanto y se conviertan en un tedio.

Mirar a los mejores pedalistas del mundo se convierte de pronto en una inspiración para esforzarme más durante mi rutina de ejercicio en mi bicicleta de carreras, usando mi imaginación de una manera provechosa, a diferencia de lo que ha sucedido durante mi vida desde mi temprana infancia, en que he pasado mucho tiempo soñando despierto y la mayor parte de las veces esto no me ha llevado a ninguna parte. Imagino que ha sido una forma de evadirme de una realidad difícil.

En lo que va del año me he sentido mal en mi lugar de trabajo, porque desde mediados de 2017 he recibido un trato que no merezco. Esta situación se ha exacerbado a partir de que hace tres semanas pasé un mal rato con la directora del departamento al que pertenezco, porque reporté una serie de situaciones en relación con conductas indebidas de personal de seguridad, y ella dio por hecho que mis quejas no tenían fundamento. Cuando se vio obligada a escucharme, se dio cuenta de que había cometido un error y en lugar de rectificar, se enojó conmigo y su actitud incorrecta continuó durante los días que siguieron.

La siguiente semana, nos convocaron a los integrantes de mi departamento a una junta en una aula un tanto remota, en otro edificio, para exponernos las razones por las que no se nos permite ingresar con Smartphone a la oficina. Yo asistí porque era obligatorio hacerlo, pero en realidad yo no necesitaba escuchar los argumentos del director de RH ni de la directora de mi departamento, y yo nunca he expresado ninguna inconformidad por esa medida tomada desde noviembre de 2017. En un momento dado el director de RH preguntó a los presentes si ya me conocían, algo que me molestó pero evité decirle nada hasta terminar el odioso evento, en que al salir le pregunté: ‘¿para qué me señalaste?’, poniendo a este señor en una situación a todas luces incómoda. Él me respondió ‘si quieres hablamos con tu directora’, a lo que yo respondí que ella no tenía nada que ver, dándome la vuelta para retirarme.

Me parece que la directora de mi departamento le reportó a su análogo de RH que yo no había asistido a la comida de mi área, el viernes 14 de diciembre del año pasado, como si haciendo esto hubiera cometido una falta, o hubiera atentado contra alguien. Este tipo de eventos son voluntarios y yo tenía todo el derecho de negarme a asistir. La razón de haber decidido no estar presente es lo mencionado anteriormente, el trato injusto que he recibido, que ha involucrado un conflicto con un compañero muy allegado a la directora, que cuenta con privilegios para hacerle la vida difícil a quien se le antoje, con impunidad asegurada.

Pero volviendo al tema de esta entrada, mi depresión, su origen debe ser la despedida de mi queridísima Laura, la mejor persona que he conocido en mi vida. Yo no quería que sucediera esto, yo pretendía que fuéramos amigos durante muchos años, hasta que uno de los dos se fuera de este mundo.

Como dije antes, tengo un duelo.

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