lunes, 4 de febrero de 2019

La ausencia de Laura, un duelo (1a parte)

Un miércoles en enero de 2018, posiblemente el día 17, no fui a trabajar porque tenía cita en psiquiatría en el Hospital Civil. Tuve la oportunidad de hablar con Laura y se lo comenté. Ella andaba atendiendo asuntos (pagar el agua, cosas así) y se dirigiría a su consultorio al terminar. Pasé por el Tianguis Alcalde y compré un obsequio significativo para ella (la película Ordinary People, 1980) y me dirigí a su consultorio a dejárselo. Esperé unos minutos y ella salió a despedir un paciente y recibir a otro. Al verme se sorprendió y me abrazó, yo le di un beso en la mejilla. Platicamos unos breves minutos y nos despedimos, otra vez con un beso y un abrazo. Entonces me dirigí a mi casa.

Pasó un tiempo no muy prolongado (posiblemente una hora) y Laura me envió mensaje de WhatsApp lamentando no haber tenido la ocasión de ofrecerme un café, con una agradable plática. Muchas veces, en los meses que siguieron, tuvimos comunicación vía WhatsApp y en ocasiones pudimos hablar por teléfono. El sábado 21 de abril fuimos a desayunar y ella pagó la cuenta, como obsequio por mi cumpleaños. Pasaron tres meses antes de que pudiéramos repetir la experiencia, no recuerdo la fecha pero debió ser en julio.

Transcurrió el resto del año (difícil para mí, no tanto como el anterior) y la comunicación con Laura se hizo más esporádica, lo que me hizo sentir mal. No creo haber desarrollado una dependencia de ella (lo cual sería patológico), sino más bien es un hecho que Laura es la mejor persona que he conocido en mi vida y he llegado a quererla mucho. Estoy seguro de que en esos meses tan difíciles de 2008, en que me vi en uno de los trances más difíciles de mi vida, no habría sobrevivido sin ella.
Hace escasas tres semanas, pasé un sábado en la mañana por el consultorio de Laura y no la encontré. Poco más tarde le envié mansaje de WhatsApp y ella me respondió un escueto “hoy empecé a las doce”. En días posteriores, yo le enviaba mensaje por ese mismo medio y ella me respondía “hola, adiós”. Ese “cortón”, que se repitió un cierto número de veces, me hizo comprender que mi aparición en su Smartphone no era bienvenida, algo que me dolió mucho.

Tengo la sospecha de que la vida de Laura ha sido tan difícil como la mía, y ella no desarrolló una patología, ni se llenó de resentimiento, mucho menos de odio. Sin embargo, he podido vislumbrar que su vida no está del todo bien, y pudiera estar bastante mal.

Ella me ha dicho en más de una ocasión que es “muy asocial”, lo cual no es cierto en absoluto. Laura se casó muy joven, su primer hijo nació cuando ella acababa de cumplir 21 años, unos años más tarde terminó su licenciatura para inmediatamente estudiar una maestría en Neurociencias y en algún momento inició una relación con la mujer que más tarde se convertiría en su cónyuge. Hace mucho tiempo, pude ver su biografía en Facebook y me di cuenta que una amigo de ella la había felicitado por haber contraído nupcias y le ofrecía a ella y a su esposa su casa en Canadá para cuando quisieran ir. Hace casi tres años, en febrero de 2016, Laura y su esposa fueron a Ensenada en avión, porque iban a estar unos cuantos días y allá un amigo de Laura se encargó de transportarlas hacia sus diferentes destinos. Esta mujer a la que quiero tanto tiene excelentes habilidades sociales y jamás ha sido lo que ella afirma ser: asocial. Algo importante, es que en sus años de enseñanza media practicó el basquet ball, lo bastante bien para ser seleccionada estatal, un deporte de equipo. Una persona asocial no desarrolla relaciones de amistad, mucho menos de pareja, y no practica deportes de equipo.

¿Por qué inventar una historia como esa? Posiblemente para racionalizar un alejamiento de sus padres, que me parece razonable suponer que le fallaron. Su madre le pidió a Laura que los visitara los sábados, que comiera con sus padres ese día de la semana. Me parece altamente probable que la relación de este hermoso ser humano con sus padres haya sido muy mala, catastrófica, y si tuviera razón eso no destruyó su vida porque Laura es excepcionalmente fuerte.

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