viernes, 8 de febrero de 2019

Mi estado anímico presente


Le envié un mail a la directora de mi departamento, el asunto tenía relación con dejar mi Smartphone en Seguridad (porque no se me permite entrar a la oficina con él), y le aclaré que no era mi intención molestar a nadie. Esto porque el viernes 11 de enero reporté situaciones incorrectas del personal de esa área (Seguridad) y ella lo tomó de una manera absolutamente errónea, prejuiciándome, pensando que le iba a dar quejas sin fundamento o sobre temas que no tienen la menor importancia y cuando le expuse el asunto, se dio cuenta de que se había equivocado y en lugar de reconocer su error, se molestó conmigo.

Desde entonces me he distanciado de ella (de la directora de mi departamento), algo que en realidad no me preocupa, pues parece una oportunidad para aprender sobre la importancia tan relativa que tienen otras personas en mi vida, a la que en ocasiones le asigno una magnitud mucho mayor de la que merece.

Sin embargo este no es el caso con Laura, esa mujer a la que he considerado la mejor persona que he conocido en mi vida, de quien me he enamorado perdidamente sabiendo que no me puede corresponder, esperando solamente  que sea s mi amiga, y de quien me veo obligado a alejarme definitivamente, pues no importa qué tan solo me sienta, y qué tan intensa sea esa soledad, no puedo asumir el papel de limosnero cuando se trata de establecer relaciones voluntarias. Laura no tiene tiempo para mí, y eso es todo.

Me tomé mi tiempo de descanso y recogí mi Smartphone en Seguridad, esperando encontrar un mensaje de WhatsApp proveniente de la mujer que amo, algo poco probable. Entro a mi red social favorita, Twitter, y veo muchos tweets sobre unos cuantos temas, la mayoría de política. El presidente de mi país (con dos meses en el cargo) está teniendo grandes aciertos y cuenta con el apoyo de muchos habitantes, yo entre ellos. Se dan a conocer los actos de corrupción más graves (y en consecuencia más apremiantes de resolver) y el asombro sigue creciendo. Al contemplar todo esto, recuerdo que Laura y yo somos afines en nuestras preferencias políticas. Unas semanas antes de las elecciones del 1 de julio del año pasado, ella estaba realizando labores voluntarias relacionadas con las votaciones de esa fecha. Tuvimos comunicación vía WhatsApp y me dijo que esta sería la tercera ocasión que votaría por ese candidato, yo le respondí que ese también era mi caso.

Teniendo una cuenta alterna en Twitter, he echado un ojo a la cuenta de la psicóloga delincuente (que no tuitea mucho) y veo su crítica sin fundamento a nuestro gobierno federal actual, a nuestro presidente, afirmando que es lo mismo que lo anterior, una falacia monumental. Esto no me sorprende, pues hace muchos años (casi once) me di cuenta de que es una persona indecente y deshonesta. Ella y Laura eran compañeras en la institución de salud pública en la que ambas me atendían vía telefónica, como usuario de un centro de intervención en crisis. En realidad no coincidían, pues tenían diferentes horarios y ni siquiera trabajaban los mismos días de la semana, pero eran antagónicas. No entiendo cómo Laura pudo cerrar filas con una persona tan inmoral como esa, tan opuesta a ella y ese acto de traición me sigue doliendo, pues vino de alguien a quien he considerado un ser humano excepcional, quien en cambio no sé qué valor asigna a mi persona.

Veo las visitas a este blog y me viene a la cabeza que no se está siguiendo en esa institución pública de salud mental (SALME), por cierto pésima. Eso es bueno para mí, pero no me hace sentir mejor respecto al duelo que estoy viviendo.

La mujer que amo se ha ido de mi vida.  

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