Le envié un mail a la directora de mi departamento, el
asunto tenía relación con dejar mi Smartphone en Seguridad (porque no se me
permite entrar a la oficina con él), y le aclaré que no era mi intención
molestar a nadie. Esto porque el viernes 11 de enero reporté situaciones
incorrectas del personal de esa área (Seguridad) y ella lo tomó de una manera
absolutamente errónea, prejuiciándome, pensando que le iba a dar quejas sin
fundamento o sobre temas que no tienen la menor importancia y cuando le expuse
el asunto, se dio cuenta de que se había equivocado y en lugar de reconocer su
error, se molestó conmigo.
Desde entonces me he distanciado de ella (de la directora de
mi departamento), algo que en realidad no me preocupa, pues parece una
oportunidad para aprender sobre la importancia tan relativa que tienen otras
personas en mi vida, a la que en ocasiones le asigno una magnitud mucho mayor
de la que merece.
Sin embargo este no es el caso con Laura, esa mujer a la que
he considerado la mejor persona que he conocido en mi vida, de quien me he
enamorado perdidamente sabiendo que no me puede corresponder, esperando solamente
que sea s mi amiga, y de quien me veo
obligado a alejarme definitivamente, pues no importa qué tan solo me sienta, y
qué tan intensa sea esa soledad, no puedo asumir el papel de limosnero cuando
se trata de establecer relaciones voluntarias. Laura no tiene tiempo para mí, y
eso es todo.
Me tomé mi tiempo de descanso y recogí mi Smartphone en
Seguridad, esperando encontrar un mensaje de WhatsApp proveniente de la mujer
que amo, algo poco probable. Entro a mi red social favorita, Twitter, y veo
muchos tweets sobre unos cuantos temas, la mayoría de política. El presidente
de mi país (con dos meses en el cargo) está teniendo grandes aciertos y cuenta
con el apoyo de muchos habitantes, yo entre ellos. Se dan a conocer los actos
de corrupción más graves (y en consecuencia más apremiantes de resolver) y el
asombro sigue creciendo. Al contemplar todo esto, recuerdo que Laura y yo somos
afines en nuestras preferencias políticas. Unas semanas antes de las elecciones
del 1 de julio del año pasado, ella estaba realizando labores voluntarias
relacionadas con las votaciones de esa fecha. Tuvimos comunicación vía WhatsApp
y me dijo que esta sería la tercera ocasión que votaría por ese candidato, yo
le respondí que ese también era mi caso.
Teniendo una cuenta alterna en Twitter, he echado un ojo a
la cuenta de la psicóloga delincuente (que no tuitea mucho) y veo su crítica
sin fundamento a nuestro gobierno federal actual, a nuestro presidente,
afirmando que es lo mismo que lo anterior, una falacia monumental. Esto no me
sorprende, pues hace muchos años (casi once) me di cuenta de que es una persona
indecente y deshonesta. Ella y Laura eran compañeras en la institución de salud
pública en la que ambas me atendían vía telefónica, como usuario de un centro
de intervención en crisis. En realidad no coincidían, pues tenían diferentes
horarios y ni siquiera trabajaban los mismos días de la semana, pero eran
antagónicas. No entiendo cómo Laura pudo cerrar filas con una persona tan
inmoral como esa, tan opuesta a ella y ese acto de traición me sigue doliendo,
pues vino de alguien a quien he considerado un ser humano excepcional, quien en
cambio no sé qué valor asigna a mi persona.
Veo las visitas a este blog y me viene a la cabeza que no se
está siguiendo en esa institución pública de salud mental (SALME), por cierto
pésima. Eso es bueno para mí, pero no me hace sentir mejor respecto al duelo
que estoy viviendo.
La mujer que amo se ha ido de mi vida.
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