jueves, 7 de febrero de 2019

Mi fascinación con las psicólogas, y el duelo que vivo en este momento


Es un hecho que yo sí soy asocial, si bien esa no parece ser mi naturaleza, pues si lo fuera, mi soledad no sería tan dolorosa.

He cobrado conciencia de que he llegado a sentir una fascinación por las psicólogas, y creo que la razón de ello es que muchas de ellas tienen un muy buen intelecto, una buena preparación académica, un buen nivel cultural y conocen la psiquis humana; si además son respetuosas y empáticas, parecen la clase de compañera que quisiera tener.

En muchos casos (posiblemente la mayoría) las damas que eligieron esa profesión tienen historias de vida muy difíciles y si se han convertido en buenas profesionales, lo han hecho superando la adversidad que les ha deparado su existencia. ¿A qué otra mujer podría decirle al tratar de entablar una relación de pareja, que he pasado la mayor parte de mi vida sin trabajar? ¿Habría una mujer que entendiera esto, sin ser psicóloga? Lo mismo sucedería con otros asuntos que dominan mi vida, el resentimiento uno de ellos. ¿Quién más podría entender que después de once años de la muerte de mi padre, el odio que siento contra él no ha disminuido un ápice? ¿Cómo entender para alguien que no se ha dedicado al estudio de la naturaleza humana que haya decidido alejarme de mi familia y considere muy difícil que eso cambie algún día?

En relación con esto, no creo en Dios y no me parece que eso sea algo negativo, pues hay principios que rigen mi vida como lo son la decencia, la honestidad y el valor y esas características le son desconocidas a muchas personas muy religiosas, cuyos estilos de vida no guardan ninguna relación con lo que profesan.

A finales del año pasado intenté entablar una relación de amistad con una mujer un poco más joven que yo, de otra entidad de la república y en una de nuestras conversaciones le comenté  que soy muy visual, que me dejo llevar mucho por la apariencia física de las personas. Hablando de mi sexualidad heterosexual, tengo una colección de cientos de imágenes de mujeres con poca o ninguna ropa, todas ellas de una belleza muy fuera de lo común. Lo curioso del asunto es que no es eso lo que más me atrae en una mujer, y cuando ese prospecto de amiga me pidió que explicara lo que decía, le respondí que a mi parecer, un ser humano debe buscar desarrollarse integralmente, no limitarse a un solo rasgo de su persona.

He conocido mujeres con una gran belleza física, y al tratarlas y constatar que no tienen ningún interés en la cultura, ni en ningún área intelectual, que lo único que les interesa son los bienes materiales, todo aquello que el dinero puede comprar, han perdido para mí todo su atractivo. Por esta razón me gustó tanto la novela Jane Eyre, de Charlotte Brontë y me sentí identificado con Edward Rochester, que se enamora de Jane al descubrir su enorme riqueza como ser humano, pese a ser una mujer sin muchos atributos físicos, y sin fortuna.

Esa mujer que se ha ido de mi vida no es bella en su físico, pero al contemplar las imágenes que he reunido de ella con el paso del tiempo, la encuentro más hermosa cada vez que las miro. Nunca me hice ilusiones de llegar a tener una relación de pareja con ella y eso le dije hace once años. El duelo que estoy viviendo tiene su origen en que ni siquiera pudimos ser amigos y su recuerdo será para mí doloroso durante los años que vienen. De por sí, el futuro no me es atractivo, como tampoco lo es mi vida. Si de mí dependiera, habría muerto hace muchos años.

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