jueves, 14 de febrero de 2019

Mito 1. Las personas que padecen TLP son manipuladoras y buscan llamar la atención


Hoy es 14 de febrero, una de las fechas que detesto porque inducen a pensar a muchas personas que debemos perseguir la felicidad de forma organizada, lo mismo me sucede con el 10 de mayo.

Si existe una relación de afecto y de respeto a la que llamamos amistad, cualquier día del año (deberían ser todos aquellos días en que tuviéramos la ocasión) deberíamos manifestar esos sentimientos, no un día designado para ello. Lo mismo sucede con el día de las madres, que (pasando por alto que no todas las mujeres que han tenido hijos han hecho un buen papel), quien ame a la mujer que lo trajo al mundo debería demostrárselo siempre, por lo menos cada vez que convive con ella, y no en una fecha específica que no es otra cosa más que un día elegido para elevar las ventas de productos y servicios.

Y escribir un párrafo en el que me refiero a la amistad, una de tantas formas de amor me produce tristeza, al pensar que en fecha reciente perdí la relación con una persona excepcional, con un bellísimo ser humano que se ha ido de mi vida y no va a regresar. Adiós, Laura; te quiero.

Volviendo al libro mencionado en la entrada anterior, me referiré ahora al mito mencionado en primer lugar: las personas que padecen TLP (trastorno límite de la personalidad) son manipuladoras y buscan atraer atención. Este apartado se refiere al hecho de que quienes padecemos este trastorno en ocasiones incurrimos en comportamientos de autoagresión (también llamados de automutilación) y le decimos a otras personas que vamos a quitarnos la vida.

El trasfondo de este tipo de comportamientos no radica en querer manipular a nadie, ni en la intención de llamar la atención, sino que esto podría ser un intento fallido para explicar algunos de los problemas con los que la gente que padece TLP tiene que lidiar, especialmente comportamientos suicidas y de autoagresión. Para alguien que no ha tenido que enfrentar estos comportamientos, ver a otra persona realizarlos puede evocar respuestas emocionales intensas, las cuales incluyen temor, furia, tristeza, culpa y confusión. Lo que es más, como estos comportamientos son tan serios y amenazan la vida mucha gente siente que tiene que intervenir rápidamente para ayudar o apoyar a la persona que los lleva a cabo.

Los autores piensan que el hecho de que estos comportamientos despierten en otros el deseo de ayudar a quien los manifiesta, puede irónicamente conducir a la creencia de que la gente que padece TLP es manipuladora. Específicamente, al verse a sí mismos actuar rápidamente para proporcionar ayuda, apoyo y seguridad a personas que padecen TLP, algunos profesionales de la salud mental podrían sacar como conclusión que esos pacientes están usando la automutilación o los intentos suicidas para manipular a otros para que les presten atención o ayuda. El problema con esta manera de pensar es que uno no puede inferir cuáles son las intenciones de una persona basándose en los efectos que tienen sus acciones. Los autores ponen como ejemplo una situación hipotética, en que una persona se dirige a su trabajo buscando evitar llegar tarde y atropella a un peatón como resultado de pasarse una luz roja. Decir que una persona con TLP intenta quitarse la vida para manipular a otros equivale a decir que la persona del ejemplo hipotético se pasó un alto con intención de atropellar un peatón. Saber que los comportamientos de autoagresión o los intentos de suicidio podrían tener como resultado que otras personas prestaran atención o ayuda no nos dice en realidad por qué una persona elige asumir esos comportamientos.

Lo que es más, aun cuando una persona haya aprendido que la única manera de conseguir algún tipo de atención es asumir comportamientos tan extremos como la autoagresión, el hecho de que recurra a este comportamiento no significa que su intención sea manipular. Podría significar simplemente que necesita desesperadamente la atención de otro ser humano y no ha aprendido todavía otra manera de satisfacer esa necesidad. Por supuesto que todos quisiéramos obtener atención positiva y no la del tipo opuesto; pero en ocasiones ese tipo de atención (positiva) no está disponible. En un caso como este, la persona está dispuesta a aceptar la atención negativa, antes de no contar con ningún tipo de atención. Por lo tanto, la suposición de que una persona que asume conductas de autoagresión es “manipuladora” pasa por alto la necesidad básica humana involucrada en esta situación.

Lo que es importante recordar aquí es que las personas con TLP no son manipuladoras. Los comportamientos que frecuentemente van de la mano con el TLP sirven un propósito importante para la persona, aún si tal propósito no es percibido por el observador.

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