Hoy es 14 de febrero, una de las fechas que detesto porque
inducen a pensar a muchas personas que debemos perseguir la felicidad de forma
organizada, lo mismo me sucede con el 10 de mayo.
Si existe una relación de afecto y de respeto a la que
llamamos amistad, cualquier día del año (deberían ser todos aquellos días en
que tuviéramos la ocasión) deberíamos manifestar esos sentimientos, no un día
designado para ello. Lo mismo sucede con el día de las madres, que (pasando por
alto que no todas las mujeres que han tenido hijos han hecho un buen papel),
quien ame a la mujer que lo trajo al mundo debería demostrárselo siempre, por
lo menos cada vez que convive con ella, y no en una fecha específica que no es
otra cosa más que un día elegido para elevar las ventas de productos y
servicios.
Y escribir un párrafo en el que me refiero a la amistad, una
de tantas formas de amor me produce tristeza, al pensar que en fecha reciente
perdí la relación con una persona excepcional, con un bellísimo ser humano que
se ha ido de mi vida y no va a regresar. Adiós, Laura; te quiero.
Volviendo al libro mencionado en la entrada anterior, me
referiré ahora al mito mencionado en primer lugar: las personas que padecen TLP
(trastorno límite de la personalidad) son manipuladoras y buscan atraer
atención. Este apartado se refiere al hecho de que quienes padecemos este
trastorno en ocasiones incurrimos en comportamientos de autoagresión (también
llamados de automutilación) y le decimos a otras personas que vamos a quitarnos
la vida.
El trasfondo de este tipo de comportamientos no radica en
querer manipular a nadie, ni en la intención de llamar la atención, sino que
esto podría ser un intento fallido para explicar algunos de los problemas con
los que la gente que padece TLP tiene que lidiar, especialmente comportamientos
suicidas y de autoagresión. Para alguien que no ha tenido que enfrentar estos
comportamientos, ver a otra persona realizarlos puede evocar respuestas
emocionales intensas, las cuales incluyen temor, furia, tristeza, culpa y
confusión. Lo que es más, como estos comportamientos son tan serios y amenazan
la vida mucha gente siente que tiene que intervenir rápidamente para ayudar o
apoyar a la persona que los lleva a cabo.
Los autores piensan que el hecho de que estos comportamientos
despierten en otros el deseo de ayudar a quien los manifiesta, puede
irónicamente conducir a la creencia de que la gente que padece TLP es
manipuladora. Específicamente, al verse a sí mismos actuar rápidamente para
proporcionar ayuda, apoyo y seguridad a personas que padecen TLP, algunos
profesionales de la salud mental podrían sacar como conclusión que esos
pacientes están usando la automutilación o los intentos suicidas para manipular
a otros para que les presten atención o ayuda. El problema con esta manera de
pensar es que uno no puede inferir cuáles son las intenciones de una persona
basándose en los efectos que tienen sus acciones. Los autores ponen como
ejemplo una situación hipotética, en que una persona se dirige a su trabajo
buscando evitar llegar tarde y atropella a un peatón como resultado de pasarse
una luz roja. Decir que una persona con TLP intenta quitarse la vida para
manipular a otros equivale a decir que la persona del ejemplo hipotético se
pasó un alto con intención de atropellar un peatón. Saber que los
comportamientos de autoagresión o los intentos de suicidio podrían tener como
resultado que otras personas prestaran atención o ayuda no nos dice en realidad
por qué una persona elige asumir esos comportamientos.
Lo que es más, aun cuando una persona haya aprendido que la
única manera de conseguir algún tipo de atención es asumir comportamientos tan
extremos como la autoagresión, el hecho de que recurra a este comportamiento no
significa que su intención sea manipular. Podría significar simplemente que necesita
desesperadamente la atención de otro ser humano y no ha aprendido todavía otra
manera de satisfacer esa necesidad. Por supuesto que todos quisiéramos obtener
atención positiva y no la del tipo opuesto; pero en ocasiones ese tipo de
atención (positiva) no está disponible. En un caso como este, la persona está
dispuesta a aceptar la atención negativa, antes de no contar con ningún tipo de
atención. Por lo tanto, la suposición de que una persona que asume conductas de
autoagresión es “manipuladora” pasa por alto la necesidad básica humana
involucrada en esta situación.
Lo que es importante recordar aquí es que las personas con
TLP no son manipuladoras. Los comportamientos que frecuentemente van de la mano
con el TLP sirven un propósito importante para la persona, aún si tal propósito
no es percibido por el observador.

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