viernes, 29 de marzo de 2019

Conocer la historia de personas excepcionales, para encontrar la inspiración...


Último día laboral de la semana, sigo trabajando en un archivo de fármaco, avanzando muy rápido, pero con la mente ocupada en otros asuntos, como me sucede tanto. Ayer fui a pedirle su número de teléfono a un compañero cuando me disponía a tomar mi tiempo de descanso; esto porque el lunes pasado me robaron mi Smartphone. Al verme, Marco me preguntó que estaba leyendo pues llevaba conmigo el libro “at the heart of the White Rose” y la otra joven, recién llegada a esa área de mi departamento, mostró mucho interés. Les hablé entonces de Hans y Sophie Scholl, de sus actividades dentro de la Universidad en Múnich, de la Rosa Blanca y de sus muertes heroicas, junto con otras personas. Todo esto con unas cuantas frases. Me comprometí entonces a conseguir la película (Los últimos días) y prestárselas, para que conozcan la historia de estas personas tan extraordinarias.

La verdad es que sigo leyendo muy poco. El primer capítulo de este libro (mencionado en el párrafo anterior) se compone principalmente de la correspondencia entre Hans Scholl y su familia, a partir del año 1938 en que se hallaba haciendo un servicio obligatorio y Austria fue anexada a Alemania. Ya había tenido actividades subversivas y había sido privado de su libertad por ello, pero se arregló el asunto gracias a una amnistía general otorgada por ese régimen tan criminal, el Nacional Socialismo que en la actualidad cuenta con no pocos admiradores en el mundo. La estupidez humana parece no tener límites.

 Sé que conforme avance en la lectura de esta obra, me quedará claro la importancia de tener buenos padres. Ya había mencionado antes en este blog que Robert Scholl, padre de Hans y Sophie y otros cuatro hijos fue un hombre excepcional y seguramente su esposa también lo fue. Es fácil entender que esos dos hijos que pertenecieron a la Rosa Blanca hayan sido valientes en extremo, la clase de personas que yo considero dignas de pasar a la historia y cuyas biografías deberían hacerse masivas, como ejemplos a seguir para la mayoría de nosotros, el resto del mundo, gente común y corriente.

Anoche envié un mensaje de WhatsApp a un hombre que vende películas, preguntándole si tenía esa de ‘Los últimos días’ y hoy en la mañana me respondió afirmativamente. Lo buscaré la próxima semana para hacerme de varias copias y quedarme con una, obsequiando las otras a personas importantes a las que les he hablado de este tema.

Le dije a esa psicóloga con la que hablo los fines de semana que hace cerca de 13 años, en el 2006, cuando murió mi hermana menor me di cuenta de que había perdido la voluntad de vivir, por segunda vez y parece difícil que eso cambie. Conocer historias de personas excepcionales como Hans y Sophie Scholl tiene como objetivo cambiar mi actitud de indiferencia y dolor ante la vida, encontrar la inspiración para seguir adelante y dejar de vivir como un robot que acude a su trabajo y cumple con sus responsabilidades y el resto del tiempo se la vive metido en una red social (Twitter) o haciendo ejercicio en su bicicleta de carreras, mirando videos musicales en YouTube, ocupándose de sus mascotas, etc., mientras el tiempo sigue pasando, esperando que un día acabe su existencia.


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