He leído poco del libro ‘at the heart of the White Rose’, de
la autoría de Inge Jens (que más bien editó el contenido, pues se trata de
cartas entre los integrantes de la Rosa Blanca y familiares y personas cercanas
a ellos, con notas históricas en referencia al contenido de las mismas), pero
me doy cuenta de que Hans y Sophie Scholl provenían de una familia funcional,
en la que prevalecían el bienestar, la armonía y el amor.
Ya sabía algo a este respecto por haber buscado información
sobre estas personas y ese movimiento, La Rosa Blanca, cuya manifestación se
dio principalmente en la Universidad de Múnich entre 1942 y el inicio de 1943,
cuando sus integrantes fueron juzgados y ejecutados en un proceso muy rápido,
que duró unas cuantas horas y reflejó muy la criminalidad del régimen Nacional
Socialista.
De pronto comienza a inquietarme algo que acepté hace mucho
tiempo, en una época que no puedo situar en el tiempo, que consiste en el hecho
de que mi familia es muy disfuncional (en la actualidad es como si ya no
existiera, pues vivo con mi madre y no tengo ningún contacto con ninguna de mis
dos hermanas). Las familias de las que provienen mis padres estuvieron
compuestas por gente destructiva y enferma, personas para quienes era muy
importante manifestar su odio hacia quienes les rodeaban en todo momento, en
todo lugar, cotidianamente, procurando transmitir a su prole esa costumbre y
esperando ser admirados y amados por mostrar esa orientación en la vida.
Si buscaban destruir las vidas de sus hijos, mis abuelos,
tanto paternos como maternos fueron muy exitosos. Hablando de los primeros,
puedo mencionar que de seis hijos varones, cinco fueron alcohólicos y los seis
(que incluye al no alcohólico) se dedicaron a hacerle la vida miserable a sus
familias, provocándoles daños irreversibles e inculcándoles la idea (de la mano
con la religión cristiana) de que debían rendirle culto a sus padres y
agradecerles su herencia, así consistiera esta en arruinar sus vidas y sumirlos
en la desesperación más absoluta.
Con mis abuelos maternos la situación no fue muy diferente,
siendo gente con muy poca escolaridad (un hecho justificado hasta cierto punto
porque nacieron a principios del siglo XX y en ese entonces, una vez terminada
la Revolución, inició apenas el establecimiento de un sistema educativo) pero
además de la ignorancia en la que vivían, eran firmes partidarios de la
violencia como un método para formar hijos sin voluntad propia, obedientes,
inconscientes de su realidad precaria y triste que buscaran una vida de
violencia y de pobreza integral, privados de las cualidades y atributos que
deben caracterizar al ser humano, entre estos la capacidad de sentir amor y la
búsqueda de la realización personal. Estas personas terribles se encargaron de
mutilar a sus hijos espiritualmente, en lo que tuvieron un éxito total pues
toda su descendencia se vio sumida en una vida de caos, dolor y sufrimiento sin
fin.
En menos de un mes habré cumplido 55 años de edad y soy uno
de los integrantes de mi familia al que le tocó vivir en la enfermedad mental.
No sé si esta se manifestó por mi carga genética o por la combinación de
factores que imposibilitaron que llevara un vida normal y en cambio me llevaron
a vivir con la apariencia de un ser humano común, siendo en realidad un
individuo anormal que vivió su juventud en soledad, sin trabajar y llevar una
vida productiva, sin desarrollar relaciones significativas con otras personas,
con grandes aspiraciones pero pocos recursos para alcanzarlas. Habiendo
cumplido 44 años, cuando ya había perdido por segunda vez la voluntad de vivir
me enteré de que padecía una patología seria, pero tuvieron que pasar casi tres
años más antes de que comprendiera lo grave que era y hoy, casi ocho años más tarde, pese a tener
conciencia de la seriedad de mi situación, no parezco tener la voluntad para
cambiar mis comportamientos problemáticos y así lograr integrarme a grupos de
personas con intereses afines a los míos, hacerme de un círculo social y dejar
de vivir en una soledad que me duele y continúa deteriorando mi calidad de
vida.
Cuando entablo comunicación con una psicóloga, mi
interlocutor se da cuenta de lo que soy como ser humano en lo que se refiere a
inteligencia y cultura. Esto lo hace posible el hecho de que esa persona puede
dedicarme el tiempo que dura la llamada debido a que esa es su función, y si
intentara hacer esto con otro individuo, la posibilidad de entablar una
comunicación significativa sería muy remota, por la alta probabilidad de que mi
interlocutor carezca de la capacidad para escuchar y por su falta de
preparación académica, de cultura que redundan en la imposibilidad de
comprender una realidad diferente a la suya.
Pero quisiera volver a lo que quería expresar en esta
entrada, que es lo terrible que parece mi destino habiendo nacido hijo de dos personas provenientes de padres atroces. Nací con problemas de visión (carencia
de la misma en el ojo izquierdo, con el que veo aprox. un 35% y solamente tengo
visión periférica, lo que me impide afocar y leer con él) además de trastorno
por déficit de atención con hiperactividad y alojado en el espectro autista,
Asperger.
Mi desempeño escolar fue deplorable y en consecuencia
vergonzoso y esto marcó el rumbo de mi vida para siempre. También sirvió para
que mi padre alimentara el fuego de su odio hacia mí usando esa carencia mía
como combustible y se encargara de decir a todo aquel que estuviera dispuesto a
escucharlo que tenía un hijo atroz, un canalla que había convertido su vida en
un suplicio y ello lo había llevado a refugiarse en el alcohol. Conseguía así
manipular a su interlocutor y sembrar en él sentimientos de furia y de
desprecio hacia su verdugo, entiéndase su hijo varón.
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