jueves, 28 de marzo de 2019

Familias de monstruos, una vida arruinada y establecer comunicación significativa con otro ser humano


He leído poco del libro ‘at the heart of the White Rose’, de la autoría de Inge Jens (que más bien editó el contenido, pues se trata de cartas entre los integrantes de la Rosa Blanca y familiares y personas cercanas a ellos, con notas históricas en referencia al contenido de las mismas), pero me doy cuenta de que Hans y Sophie Scholl provenían de una familia funcional, en la que prevalecían el bienestar, la armonía y el amor.

Ya sabía algo a este respecto por haber buscado información sobre estas personas y ese movimiento, La Rosa Blanca, cuya manifestación se dio principalmente en la Universidad de Múnich entre 1942 y el inicio de 1943, cuando sus integrantes fueron juzgados y ejecutados en un proceso muy rápido, que duró unas cuantas horas y reflejó muy la criminalidad del régimen Nacional Socialista.

De pronto comienza a inquietarme algo que acepté hace mucho tiempo, en una época que no puedo situar en el tiempo, que consiste en el hecho de que mi familia es muy disfuncional (en la actualidad es como si ya no existiera, pues vivo con mi madre y no tengo ningún contacto con ninguna de mis dos hermanas). Las familias de las que provienen mis padres estuvieron compuestas por gente destructiva y enferma, personas para quienes era muy importante manifestar su odio hacia quienes les rodeaban en todo momento, en todo lugar, cotidianamente, procurando transmitir a su prole esa costumbre y esperando ser admirados y amados por mostrar esa orientación en la vida.

Si buscaban destruir las vidas de sus hijos, mis abuelos, tanto paternos como maternos fueron muy exitosos. Hablando de los primeros, puedo mencionar que de seis hijos varones, cinco fueron alcohólicos y los seis (que incluye al no alcohólico) se dedicaron a hacerle la vida miserable a sus familias, provocándoles daños irreversibles e inculcándoles la idea (de la mano con la religión cristiana) de que debían rendirle culto a sus padres y agradecerles su herencia, así consistiera esta en arruinar sus vidas y sumirlos en la desesperación más absoluta.

Con mis abuelos maternos la situación no fue muy diferente, siendo gente con muy poca escolaridad (un hecho justificado hasta cierto punto porque nacieron a principios del siglo XX y en ese entonces, una vez terminada la Revolución, inició apenas el establecimiento de un sistema educativo) pero además de la ignorancia en la que vivían, eran firmes partidarios de la violencia como un método para formar hijos sin voluntad propia, obedientes, inconscientes de su realidad precaria y triste que buscaran una vida de violencia y de pobreza integral, privados de las cualidades y atributos que deben caracterizar al ser humano, entre estos la capacidad de sentir amor y la búsqueda de la realización personal. Estas personas terribles se encargaron de mutilar a sus hijos espiritualmente, en lo que tuvieron un éxito total pues toda su descendencia se vio sumida en una vida de caos, dolor y sufrimiento sin fin.

En menos de un mes habré cumplido 55 años de edad y soy uno de los integrantes de mi familia al que le tocó vivir en la enfermedad mental. No sé si esta se manifestó por mi carga genética o por la combinación de factores que imposibilitaron que llevara un vida normal y en cambio me llevaron a vivir con la apariencia de un ser humano común, siendo en realidad un individuo anormal que vivió su juventud en soledad, sin trabajar y llevar una vida productiva, sin desarrollar relaciones significativas con otras personas, con grandes aspiraciones pero pocos recursos para alcanzarlas. Habiendo cumplido 44 años, cuando ya había perdido por segunda vez la voluntad de vivir me enteré de que padecía una patología seria, pero tuvieron que pasar casi tres años más antes de que comprendiera lo grave que era y  hoy, casi ocho años más tarde, pese a tener conciencia de la seriedad de mi situación, no parezco tener la voluntad para cambiar mis comportamientos problemáticos y así lograr integrarme a grupos de personas con intereses afines a los míos, hacerme de un círculo social y dejar de vivir en una soledad que me duele y continúa deteriorando mi calidad de vida.

Cuando entablo comunicación con una psicóloga, mi interlocutor se da cuenta de lo que soy como ser humano en lo que se refiere a inteligencia y cultura. Esto lo hace posible el hecho de que esa persona puede dedicarme el tiempo que dura la llamada debido a que esa es su función, y si intentara hacer esto con otro individuo, la posibilidad de entablar una comunicación significativa sería muy remota, por la alta probabilidad de que mi interlocutor carezca de la capacidad para escuchar y por su falta de preparación académica, de cultura que redundan en la imposibilidad de comprender una realidad diferente a la suya.

Pero quisiera volver a lo que quería expresar en esta entrada, que es lo terrible que parece mi destino habiendo nacido hijo de dos personas provenientes de padres atroces. Nací con problemas de visión (carencia de la misma en el ojo izquierdo, con el que veo aprox. un 35% y solamente tengo visión periférica, lo que me impide afocar y leer con él) además de trastorno por déficit de atención con hiperactividad y alojado en el espectro autista, Asperger.

Mi desempeño escolar fue deplorable y en consecuencia vergonzoso y esto marcó el rumbo de mi vida para siempre. También sirvió para que mi padre alimentara el fuego de su odio hacia mí usando esa carencia mía como combustible y se encargara de decir a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlo que tenía un hijo atroz, un canalla que había convertido su vida en un suplicio y ello lo había llevado a refugiarse en el alcohol. Conseguía así manipular a su interlocutor y sembrar en él sentimientos de furia y de desprecio hacia su verdugo, entiéndase su hijo varón.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Centro de Intervención en Crisis, SALME

  Un poco antes del amanecer del miércoles 17 de enero, volví a marcar el número de teléfono del Centro de Intervención en Crisis de SALME (...