Desperté a las dos de la mañana con sed y la necesidad de
orinar y después de hacer lo que correspondía a ese respecto, volví a conciliar
el sueño. Volví a despertar poco después de las cuatro horas, bajé a la cocina
y tomé una taza de café con un pan con intención de pedalear algunos kilómetros
en mi bicicleta, sobre rodillos, como calentamiento para después salir de la
casa a mi circuito de 4000 m que incluye una fuerte pendiente. El recorrido es
corto, pero implica un esfuerzo muscular y aeróbico considerable.
La distancia del recorrido indicaba 360 km, y me propuse
recorrer 40 para llegar a 400, un kilometraje modesto, pero mayor a lo que he
acostumbrado en mucho tiempo. Esto debido a los miedos inexplicables que me han
aquejado pero he empezado a superar en las últimas semanas.
Anoche llegué a casa sintiendo hambre, por lo que al llegar
le pedí a mi madre que me diera de cenar. Después de ello, tomé mi Smartphone y
traté de establecer comunicación con Lourdes, la mujer con la que había
empezado a interactuar el sábado pasado; esto no fue posible. En un mensaje de
WhatsApp me dijo que estaba hablando con su mamá (quedaba explícito que lo
hacía por teléfono). Marqué su número en varias ocasiones y se me envió a
buzón. Pensé en la posibilidad de que estuviera hablando con otro prospecto de
pareja y apagué mi Smartphone para tratar de dormir.
Al despertar encontré que Lourdes ni siquiera había leído
los mensajes que anoche le envié a esa red social. Comprendí entonces que esta
mujer no parece una buena elección, pero esto no debe representar un problema,
o por lo menos no debe de doler. Es dos años mayor que yo, divorciada, madre de
tres hijas, vive en una población a 60 km de distancia de la mía y además de
ser ya una mujer muy mayor, tiene sobrepeso y realmente no es eso lo que busco.
Pensar en ella como posible pareja parece ser un ejemplo de lo que
coloquialmente se denomina “mi peor es nada”.
Sin embargo, no puedo negar que esta situación me hace
sentir mal y por alguna razón vuelvo a pensar en Laura, esa mujer con la que ya
no he tenido ningún tipo de comunicación en los últimos dos meses y de quien me
he alejado exitosamente, pero en momentos difíciles su imagen regresa a mi
mente y me provoca diversos grados de malestar. En momentos así me pregunto si
lo que sentí por ella fue amor, si la vi como una mujer bellísima, si la
consideré un ser humano excepcional o si todo esto fue un síntoma de mi soledad
y parte de la sintomatología de mi trastorno, que me hace poner a una persona
en un pedestal para después sufrir una dolorosa decepción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario