domingo, 24 de marzo de 2019

Domingo 24 de marzo de 2019, primer recorrido en bicicleta de 100 km, en mucho tiempo

Domingo 24 de marzo de 2019, a un mes y tres días de cumplir 55 años de edad, ya bien entrado en la edad madura me levanté a las ocho de la mañana (cómodamente pues me acosté antes de la media noche) y tomé mis acostumbradas tazas de café para después inflar las llantas a la presión adecuada (120 psi) y salir a pedalear hacia la carretera.

La intención era hacer el mismo recorrido de las dos semanas anteriores, hacia la carretera hacia una ciudad fronteriza de mi país con el del norte (Nogales), pero al llegar a un cruce, doblé a la derecha para dirigirme hacia una carretera que apunta hacia otro estado, Zacatecas, y hacia el municipio en la punta norte de mi estado, uno que se dice que es muy feo, pero no puedo saber por qué jamás he estado ahí, su nombre: Colotlán.

Tomé la vía hacia Tesistán y al llegar a la carretera a Colotlán doblé a la derecha. No había ido por esos rumbos en más de 20 años y ahora los primeros ocho kilómetros son cuatro carriles, a diferencia de cuando yo recorría esa vía con frecuencia, que eran dos, uno de ida y otro de venida.

Por aquellos rumbos vive el médico de la empresa en la que trabajo, un señor que subió en mi escala de estimación para después volver a desplomarse, por su actitud cobarde ante la vida, por no tomar una postura correcta y en cambio optar por faltarse al respeto a sí mismo; esto en relación con la situación injusta que me tocó vivir en octubre del año pasado en la empresa donde trabajo.

Pues el hecho es que hice el primer recorrido de 100 km en esta bicicleta que he usado desde el último sábado de octubre de 2016, es decir, hace cerca de dos años y medio, marca Cannondale, de fabricación estadounidense. Le compré este velocípedo (usado) a Hugo, 23 años y medio después de haberle comprado uno de la misma marca a su padre, Pancho Vázquez, el buen hombre a quien llamamos afectuosamente “Chino”.

Y el incremento en la lectura de mi velocímetro, los kilómetros que cubro y la actividad física toman en mi mente (ya sé, enferma) vida propia. Le infligen dolor y sufrimiento (consecuencias) a personas que me han hecho daño. El primero, David, el grandísimo hijo de puta que hace 21 años me arruinó al expulsarme de AVEX Electronics de México, una basura de maquiladora electrónica que tiempo después se convirtió en Benchmark. Ahora, el receptáculo de mi venganza se llama Omar, un individuo cobarde, dado a maledicencia, a hablar falsedades de otras personas a sus espaldas, a manipular a otros, a sembrar violencia contra sus objetivos, gente que no le ha hecho ningún daño.

¿Estoy fuera de la realidad? Se supone que sí, pero no puedo saberlo con seguridad. La vida de ese individuo despreciable dará un giro terrible y sabrá lo que es vivir un infierno en vida, las consecuencias de meterse con quien no debía, y aprenderá que en la vida, ser un allegado a alguien importante no te hace invulnerable.

Disfrútalo, despreciable alfeñique. Que te aproveche.

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