martes, 19 de marzo de 2019

El fin de semana pasado

El fin de semana largo fue bastante bueno, si bien no vi a la mujer que se suponía vendría a visitarme y sería mi pareja sexual. Me engañó y me sacó dinero, pero decidí no sentirme mal por ello.

El sábado por la mañana tuve la intención de leer en mi habitación, pero otra vez, la gente que mi vecino Pelochas tiene trabajando en la parte trasera de su propiedad fue un impedimento, con el ruido que hacen con sus herramientas, si bien esta vez parecía tratarse de otras personas pues no parloteaban incesantemente.

Hablé con la psicóloga Catalina, vía telefónica y le hablé de los acontecimientos ocurridos durante la semana, en especial la compra de ese libro sobre Hans y Sophie Scholl y la Rosa Blanca, el porqué de mi interés en ese episodio de la historia, ocurrido en la Universidad de Múnich entre 1942 y 1943.

La parte medular de la comunicación con esta psicóloga tuvo que ver con que al interesarme en seres humanos extraordinarios como Hans y Sophie Scholl, la intención es encontrar la inspiración para seguir con mi vida. En el año 2006, tres días después de que cumplí 42 años murió mi hermana menor y unas dos o tres semanas después cobré conciencia de que había perdido la voluntad de vivir, por segunda vez. A partir de entonces nada me ha despertado el menor interés, excepto ciertas obras de la literatura (lo que ha ocurrido ocasionalmente) el deporte que practico, y mi actividad sexual ocasional.

Es cierto que en los últimos años mi realidad ha mejorado muchísimo, principalmente gracias al empleo que conseguí hace cerca de cuatro años, pero contemplar mi pasado duele demasiado sobre todo por la violencia de la que fui objeto de parte de mis padres, y de profesionales de la salud mental; todas esas personas tienen en común que hicieron exactamente lo contrario a lo que se suponía que debían de hacer. Me perjudicaron en lugar de ayudarme.

Tuve intenciones de ir a un grupo de al-anon el sábado en la mañana, pero decidí no hacerlo, recordando que la participación de la mayoría de los asistentes consiste en querer llamar la atención, y en tomar la palabra para decir estupidez y media. En lugar de ello, hice una sesión de ejercicios en mi bicicleta de carreras, sobre rodillos, una hora pedaleando fuerte seguida de ejercicios con pesas, todo ello con una energía y una potencia mayor a la habitual.

Durante el transcurso del día comencé a tener contacto con una dama mediante una red social y ella me dio su número de teléfono y mientras mis perritas jugaban en un parque cercano a la casa, Lourdes y yo platicamos por teléfono, comunicación que continuaríamos al día siguiente (domingo) vía WhatsApp y el lunes, otra vez por llamada telefónica.

El domingo por la mañana volví a llamar al servicio telefónico de atención psicológica y me atendió mi psicóloga favorita, una mujer joven de quien omitiré su nombre. Hablamos sobre temas de gran importancia para mí y después de aproximadamente una hora, ya listos para terminar la llamada le dije que iba a salir a carretera en mi bicicleta, ella me aconsejó que tuviera cuidado.

El recorrido en bicicleta, de 60 km estuvo caracterizado por una velocidad promedio mayor a la habitual, y por sentirme mucho más fuerte que de costumbre. Seguramente esto se debe a las inyecciones de complejo B (Bedoyecta) que me apliqué hace unas dos semanas, pero siento que hay algo más, que finalmente mi vida está dando un giro que acabará por colocarme en la senda que he buscado durante tantos años, mediante trabajo arduo, la cual nunca encontré (algo muy injusto) y esa fue otra de las razones por las que se agotó mi voluntad de vivir.

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