La relación de amistad, o pareja con esa mujer de nombre
Lucy, que terminó antes de comenzar me lleva a pensar otra vez en Laura, la
psicóloga que ha dedicado su vida a emular a Marta la Piadosa, convenciendo a
muchos de su bondad cuando detrás de sus acciones se ocultan ganancias
secundarias, algo que ella, pese a su profesión no puede identificar, o niega
su existencia con toda su energía.
Laura me atendió a partir del sábado 15 de diciembre de 2007
(el día anterior había muerto mi padre, el peor enemigo que tuve jamás) y de
ahí en adelante hasta abril del año 2009, en que tuvo que irse de esa
institución pública de salud mental, en un servicio de atención psicológica vía
telefónica (llamado intervención en crisis). Poco después de que se fue, me
enteré de que había incurrido en un comportamiento antiético, en relación con
su compañera la psicóloga delincuente que se había involucrado conmigo
sentimentalmente (cometiendo una falta gravísima) para después arrepentirse y
expulsarme de su vida, hacerse la víctima con su esposo, incitándolo a cometer
un delito; haciéndose la víctima en la institución para la que trabajaba
acusándome de estar acosándola pese a haber cometido una falta que es causal de
despido; y haciéndose la víctima en la Procuraduría, pese a haber incitado a su
esposo a cometer un delito (lo cual es un delito) consistente en llamarme a mi
teléfono celular para amenazarme.
El escándalo por lo que hizo esa psicóloga inmoral y
delincuente fue enorme, y el daño que me hizo a mí puso en peligro mi
integridad física y mental y mi vida, muchas veces.
Antes de que Laura se fuera de la institución le pedí que
tomara mis datos (número de teléfono, dirección de correo electrónico) pues
quería seguir en contacto con ella. Poco después le hice llegar un obsequio por
medio de una de sus compañeras psicólogas de dicho servicio de atención
psicológica vía telefónica, un diccionario inglés (no bilingüe) Oxford.
Poco tiempo después Laura apareció en mi Messenger de
Hotmail y en mi Facebook, pero en esa época (año 2009) yo no tenía internet en
casa ni recursos económicos, pero aunque esto hubiera sido diferente, ella y yo
no habríamos tenido interacción frecuente, pues casi no usaba esos recursos de
la red. En un momento dado me di cuenta de que no tenía caso seguir con esa
farsa y me despedí de ella. Al año siguiente 2010, me enteré de que se había
casado, con otra mujer, otra psicóloga que trabaja también en esa institución
pública de salud mental y entonces pensé que pudo haber sido ella, su cónyuge
quien la manipuló para faltar a la verdad, pegándome por la espalda y
regalándole impunidad a la psicóloga delincuente.
Le escribí a Laura a Facebook reclamándole por lo que había
hecho y pidiéndole una explicación, y ella me respondió pasándose de lista
(deshonestidad característica), evadiendo todas las preguntas, respondiendo con
evasivas, y saliéndose por la tangente.
Pasaron tres años antes de que volviera a tener comunicación con ella cuando
alguien me dio sus datos y yo le llamé a su teléfono celular preguntándole si
querría atenderme, encontrándose ahora en una institución pública de salud
mental, trabajando para Seguro Popular. Laura me negó la atención de manera
amable y dos años después, a mediados de 2015 pude conocerla en persona, cuando
sustituyó a la psicóloga que me atendía en otra institución pública, esta
dependiente del municipio.
A principios de 2016 nos hicimos amigos, un nombre no muy
apropiado para la relación que tuvimos y yo pensé en todo momento que Laura era
un ser humano excepcional, dejándome llevar por las apariencias, ignorando
muchas cosas sobre ella. Solamente a partir de que comenzó este año 2019
comencé a darme cuenta de cuál era su realidad y comprendí que había llegado el
momento de despedirme de ella, para siempre.
Y lo que hizo Laura al permitirme entrar en su vida fue otra
de sus simulaciones, fingir ser una buena persona, un bello ser humano con
espíritu de filantropía cuando en realidad la caridad no se le da.
Así con tantas personas.
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