Tomé mi tiempo de descanso y me dirigí a otro edificio,
donde acostumbro sentarme en una cómoda silla reclinable. Olvidé mi libro sobre
TLP y le dediqué mi tiempo a mi cuenta de Twitter y a WhatsApp. Me encontré con
que la dama que conocí el sábado en una red social me había respondido, pero
otra vez de una manera fría y distante.
Entablé un diálogo con ella y muy rápidamente me di cuenta
de que yo no soy importante para ella ni lo voy a ser jamás, ella no tiene
ninguna intención de establecer una relación conmigo de ningún tipo, ni amistad
cercana ni de pareja.
Necesito mucho a una mujer en mi vida con quien tener
comunicación frecuente, y con esto quiero decir cotidiana. Si no estuviéramos
cerca para frecuentarnos varios días por semana, sí para mantenernos en
contacto vía telefónica, que esa mujer me permitiera decirle palabras bonitas,
intercambiar caricias verbales, ideas, vivencias, nuestras historias de vida,
nuestras aspiraciones, nuestro dolor, nuestras perspectivas de vida. Y eso es
lo que no encuentro y parece una maldición.
En mis casi 55 años de vida he tenido pocas relaciones de
pareja, y pocas relaciones de amistad cercana con personas del sexo femenino.
No soy demasiado poco pues cuento con un buen intelecto, un nivel cultural
aceptable, una formación académica muy sólida, un estándar moral congruente con
mi manera de vivir e incluso llevo una vida sana que se refleja en mi
apariencia. Soy un deportista y esto es evidente en mi anatomía.
Y sin embargo, nadie se interesa en mí y cuando me acerco a
alguien, invariablemente soy rechazado. Siento mucho dolor.
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