Ayer llegó el libro que compré en amazon.com sobre Hans y
Sophie Scholl, titulado “at the heart of the White Rose”. Anoche cené al
regresar a casa, como de costumbre, acompañando mis alimentos con una cerveza y
unos vasitos de destilado de caña. Al terminar tomé mi libro nuevo y me dirigí
a mi habitación, donde me cambié de ropa para salir a pasear a mis mascotas.
Mientras caminaba con mis perritas, llamé por teléfono a Lourdes, que se
hallaba rumbo a una excursión en un estado de la república más o menos lejano.
Se escuchaban las voces de mujeres rezando, “santa María madre de Dios…” No sé
qué fue lo que me molestó más, que interfirieran en nuestra conversación con su
repetición de frases tontas y desprovistas de significado, o la actitud de
Lourdes, que definitivamente no me quiere en su vida.
Puesto que extravié mi celular pequeño, programé mi
Smartphone para despertar en la madrugada, con intención de comenzar a pedalear
en rodillos alrededor de las 4:30 horas para salir como a las 5:00 a la calle,
dirigirme a mi circuito de 4000 m con fuertes pendientes y recorrer una
distancia de unos 30 km, que sumados a 10 sobre rodillos suman 40, un recorrido
breve, pero respetable.
Sin embargo, la alarma sonó a las cinco de la mañana y pasé
varios minutos (sintiendo un fuerte cansancio) pensando en la posibilidad de
salir a la calle sin calentar sobre rodillos, pero decidí no hacerlo y volví a
conciliar el sueño para despertar como a las 7:30 h. Bajé a tomar café con pan
mientras miraba videos en YouTube, lo que se ha vuelto una costumbre y pensé
que todavía tenía tiempo suficiente para ejercitarme sobre rodillos, una
distancia de más de 20 km, pero en lugar de ello apagué la televisión y me
dirigí a mi habitación a leer las primeras páginas del libro ‘en el corazón de
la Rosa Blanca’.
Ese pequeño escritorio que compré a finales de 2017 se
hallaba cubierto de polvo, igual que mi diccionario Longman Contemporary
English y el Merriam Webster, junto con un cuaderno en el que me he propuesto
escribir con regularidad. Leí el prólogo de este libro que tiene como
protagonistas a los hermanos Hans y Sophie Scholl, dos de los integrantes de la
Rosa Blanca en la Universidad de Múnich durante la Segunda Guerra Mundial, en
la Alemania Nazi.
Cuando pienso en lo solo que estoy, en que no tengo un
círculo social ni una pareja y el sufrimiento que ello representa, se me ocurre
la idea de que actividades como la lectura y la escritura podrían suplir en
cierta medida ese vacío tan doloroso, sin dejarlas para el fin de semana, sino integrarlas
a mi cotidianidad de una manera natural, sin que representen una obligación
más, sino un disfrute y un estímulo que me motive para emprender un camino
hacia algún lugar. Con esto me refiero, a la posibilidad de darle un cauce a mi
escritura con la intención de componer relatos de ficción, ensayos… No sé qué
podría hacer, pero es un hecho que tengo un talento para plasmar ideas por
escrito y lo he desarrollado solo en pequeña medida, motivado por el
resentimiento, el odio o el rencor para dañar a alguien, lo cual no parece
necesariamente malo.
Tuve la intención de meter a mi mochila ese libro nuevo ‘at
the heart of the White Rose’, pero decidí terminar primero uno cuya lectura me
ha tomado mucho tiempo: “The borderline personality disorder, survival guide”.
Esto debido a mi costumbre de meterme a Twitter durante el trayecto de mi casa
al trabajo y de regreso, además de hacerlo en mi tiempo de descanso. Esa red
social me permite interactuar con un cierto número de personas, pero de una
manera distante con poca probabilidad de acercarme a alguien. Pienso que tengo
un problema de disciplina y tal vez la solución esté en dejar de ser
autoindulgente, en exigirme más a ese respecto como lo he hecho en lo referente
a mi actividad física, el ciclismo. En últimas fechas he salido a carretera y
el kilometraje semanal se ha incrementado, al igual que mi condición física y
mi nivel de energía.
Mi lema debería ser la primera frase de un poeta galés de
nombre Dylan Thomas:
Do not go gentle…

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