miércoles, 20 de marzo de 2019

Un estado de ánimo difícil, y tal vez las cosas no están tan mal


El ejercicio que hice en la mañana resultó inspirador, recordándome que estoy físicamente apto, una característica que me coloca entre una selecta minoría en todos los rangos de edad, no nada más en el de la edad madura que es al que pertenezco. Y sin embargo me he sentido deprimido y triste, falto de motivación, aburrido, hastiado, mal humorado e intolerante. Me llama la atención todo esto porque contrasta con el buen ánimo que mantuve en la última semana y mi nivel incrementado de energía. De pronto vuelvo a sentir apatía y tedio y esto trae consigo resentimiento y furia, contra varias personas.

Una de ellas es Laura, una mujer a la que creí amar (y tal vez no me equivoqué) pero durante tres años de convivencia —pese a lo escasa que esta fue— me di cuenta de que ella ha hecho de su vida un tinglado de mentiras y de su proclividad a faltar a la verdad, de que no es una persona tan honesta como yo pensé y que tal vez no tiene un espíritu tan generoso. Mucho de lo que hace por otras personas (como sus suegros y el niño del que se ha hecho cargo, junto con su cónyuge) pudiera estar motivado por algo que en psicología se llama “ganancias secundarias”. En el blog que terminé de escribir en los primeros días de este año puse una entrada sobre ella, titulándola “la mujer que amo”, sin mencionar siquiera su nombre de pila, pero tiempo después le agregué una imagen de su rostro y desde entonces ha recibido muchísimas visitas, lo que podría tenerla sumida en un escándalo. Cada vez que miro mi Smartphone pienso en la posibilidad de que Laura se ponga en contacto conmigo por ese medio, diciéndome que necesita hablar conmigo, pero esto no sucede. Lo nuestro parece una confrontación, el que rompa el silencio pierde.

Es un hecho que no espero volver a ver a Laura ni tener ningún tipo de comunicación con ella. Pese a que no es una mujer físicamente agraciada, no puedo dejar de desearla, incluso sexualmente. Y esta última idea me trae a la mente un pensamiento que apareció en mi psiquis hace unas horas, el cual consiste en una pregunta: ¿es una patología percibir la fealdad humana? A mí me abruma esa característica en tantas personas con las que me veo obligado a interactuar cotidianamente, en el trayecto de mi casa al trabajo, durante el desempeño de mis labores, al regresar a casa, etc. No es solamente el aspecto físico de tantos individuos que parecen despojos humanos, sino su idiosincrasia, su comportamiento, su falta de inteligencia, su condición de analfabetas funcionales y la proporción de la población que conforma esas hordas de jodidez en un país de por sí sobrepoblado.

De Comunicación Interna, una subdivisión de Recursos Humanos mandaron un mail en el que señalaban el carácter obligatorio de marcar la salida y el regreso del comedor, esto en relación con el tiempo asignado para hacer uso de ese tiempo de descanso (una hora para la mayoría de los empleados) y cuando lo leí, lo malinterpreté, tomándolo como una amenaza (porque omitir esos marcajes es motivo de sanción) en relación con el marcaje para hacer uso del comedor, recibir el servicio y en consecuencia tener que pagar el  precio del mismo. Esto último no estaba incluido en el contenido del mail aunque es un hecho de que a todos los empleados se nos cobran los alimentos, hagamos o no uso del servicio, lo cual constituye un abuso de parte de la empresa.

Una vez que advertí que había cometido un error, mi malestar disminuyó notablemente y entonces recordé que en las últimas semanas (o posiblemente en los últimos meses, desde que comenzó el mes de diciembre del año pasado) he sospechado que me pude haberme equivocado respecto al director de RH y su subalterno, el médico de la empresa. Esto en relación con el problema que tuve en octubre del año pasado, en que me separaron de mi trabajo durante casi dos semanas porque me consideraron un riesgo potencial para un compañero que tenía más de un año haciéndome la vida difícil, incurriendo en conductas muy graves dirigidas contra mí, hablar mal de mí a mis espaldas (falsedades) promoviendo violencia contra un compañero de trabajo. Esto está incluso penado por ley, no sé si con el nombre de difamación o daño moral. Una vez que regresé de ese periodo de descanso obligado, comencé a sentir desprecio por esos dos empleados mencionados al principio de este párrafo, pero de pronto, ciertos comportamientos de ese mal compañero me hicieron sospechar que se condujo una investigación con base en los señalamientos que hice y esa alimaña podría estar enfrentando una muy mala situación.

Algo seguro es que sigo solo, con esto me refiero a que no tengo una pareja y esa es una condición de vida bastante dolorosa. Me he sentido atraído por una compañera de trabajo, a todas luces mucho más joven que yo pese a su sobrepeso y he pensado en la posibilidad de pedirle que platique conmigo en un entorno ajeno al laboral. No sé mucho sobre ella, pero tengo la sospecha de que es soltera y no tiene pareja y probablemente podríamos iniciar algún tipo de relación. También hay otra posibilidad con una mujer de mi edad, ajena a mi empleo, pero si así fuera, sería más bien una relación de tipo sexual sin fines serios, algo que coloquialmente se conoce como ‘amigos con derechos’.

Veremos qué sucede.

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