El ejercicio que hice en la mañana resultó inspirador,
recordándome que estoy físicamente apto, una característica que me coloca entre
una selecta minoría en todos los rangos de edad, no nada más en el de la edad
madura que es al que pertenezco. Y sin embargo me he sentido deprimido y
triste, falto de motivación, aburrido, hastiado, mal humorado e intolerante. Me
llama la atención todo esto porque contrasta con el buen ánimo que mantuve en
la última semana y mi nivel incrementado de energía. De pronto vuelvo a sentir
apatía y tedio y esto trae consigo resentimiento y furia, contra varias
personas.
Una de ellas es Laura, una mujer a la que creí amar (y tal
vez no me equivoqué) pero durante tres años de convivencia —pese a lo escasa
que esta fue— me di cuenta de que ella ha hecho de su vida un tinglado de
mentiras y de su proclividad a faltar a la verdad, de que no es una persona tan
honesta como yo pensé y que tal vez no tiene un espíritu tan generoso. Mucho de
lo que hace por otras personas (como sus suegros y el niño del que se ha hecho
cargo, junto con su cónyuge) pudiera estar motivado por algo que en psicología
se llama “ganancias secundarias”. En el blog que terminé de escribir en los
primeros días de este año puse una entrada sobre ella, titulándola “la mujer
que amo”, sin mencionar siquiera su nombre de pila, pero tiempo después le
agregué una imagen de su rostro y desde entonces ha recibido muchísimas
visitas, lo que podría tenerla sumida en un escándalo. Cada vez que miro mi
Smartphone pienso en la posibilidad de que Laura se ponga en contacto conmigo
por ese medio, diciéndome que necesita hablar conmigo, pero esto no sucede. Lo
nuestro parece una confrontación, el que rompa el silencio pierde.
Es un hecho que no espero volver a ver a Laura ni tener ningún
tipo de comunicación con ella. Pese a que no es una mujer físicamente
agraciada, no puedo dejar de desearla, incluso sexualmente. Y esta última idea
me trae a la mente un pensamiento que apareció en mi psiquis hace unas horas,
el cual consiste en una pregunta: ¿es una patología percibir la fealdad humana?
A mí me abruma esa característica en tantas personas con las que me veo
obligado a interactuar cotidianamente, en el trayecto de mi casa al trabajo,
durante el desempeño de mis labores, al regresar a casa, etc. No es solamente
el aspecto físico de tantos individuos que parecen despojos humanos, sino su
idiosincrasia, su comportamiento, su falta de inteligencia, su condición de
analfabetas funcionales y la proporción de la población que conforma esas hordas
de jodidez en un país de por sí sobrepoblado.
De Comunicación Interna, una subdivisión de Recursos Humanos
mandaron un mail en el que señalaban el carácter obligatorio de marcar la
salida y el regreso del comedor, esto en relación con el tiempo asignado para
hacer uso de ese tiempo de descanso (una hora para la mayoría de los empleados)
y cuando lo leí, lo malinterpreté, tomándolo como una amenaza (porque omitir
esos marcajes es motivo de sanción) en relación con el marcaje para hacer uso
del comedor, recibir el servicio y en consecuencia tener que pagar el precio del mismo. Esto último no estaba
incluido en el contenido del mail aunque es un hecho de que a todos los
empleados se nos cobran los alimentos, hagamos o no uso del servicio, lo cual
constituye un abuso de parte de la empresa.
Una vez que advertí que había cometido un error, mi malestar
disminuyó notablemente y entonces recordé que en las últimas semanas (o
posiblemente en los últimos meses, desde que comenzó el mes de diciembre del
año pasado) he sospechado que me pude haberme equivocado respecto al director
de RH y su subalterno, el médico de la empresa. Esto en relación con el
problema que tuve en octubre del año pasado, en que me separaron de mi trabajo
durante casi dos semanas porque me consideraron un riesgo potencial para un
compañero que tenía más de un año haciéndome la vida difícil, incurriendo en
conductas muy graves dirigidas contra mí, hablar mal de mí a mis espaldas
(falsedades) promoviendo violencia contra un compañero de trabajo. Esto está
incluso penado por ley, no sé si con el nombre de difamación o daño moral. Una
vez que regresé de ese periodo de descanso obligado, comencé a sentir desprecio
por esos dos empleados mencionados al principio de este párrafo, pero de
pronto, ciertos comportamientos de ese mal compañero me hicieron sospechar que
se condujo una investigación con base en los señalamientos que hice y esa
alimaña podría estar enfrentando una muy mala situación.
Algo seguro es que sigo solo, con esto me refiero a que no
tengo una pareja y esa es una condición de vida bastante dolorosa. Me he
sentido atraído por una compañera de trabajo, a todas luces mucho más joven que
yo pese a su sobrepeso y he pensado en la posibilidad de pedirle que platique
conmigo en un entorno ajeno al laboral. No sé mucho sobre ella, pero tengo la
sospecha de que es soltera y no tiene pareja y probablemente podríamos iniciar algún
tipo de relación. También hay otra posibilidad con una mujer de mi edad, ajena
a mi empleo, pero si así fuera, sería más bien una relación de tipo sexual sin
fines serios, algo que coloquialmente se conoce como ‘amigos con derechos’.
Veremos qué sucede.
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