Ayer por la noche, ya en casa me di cuenta de que había
extraviado mi teléfono celular, el sencillo (coloquialmente llamados
cacahuatitos). Eso no supone un problema, pues no cuesta mucho dinero adquirir
otro y he pensado incluso en usar uno de otra compañía, el problema es que no
sé si hay teléfonos básicos en otras empresas de telefonía.
Después de cenar envié unos mensajes de WhatsApp a Lourdes,
casi despidiéndome de ella, pero no hubo animosidad y hoy en la mañana ella me
envió un saludo de buenos días. La verdad es que no quisiera decirle adiós sin
al menos conocerla; no sé si sea factible verla el fin de semana, le había
propuesto que viniera el sábado a la ciudad donde vivo. De lo que sí estoy
seguro es que necesito querer a alguien y que ese alguien me quiera, necesito
abrazos, besos y caricias a raudales y contar con eso podría constituir una
gran motivación para modificar el modo como vivo, carente del interés por la
vida, tratando de anestesiar el dolor cotidianamente si bien debo reconocer que
mis circunstancias han mejorado mucho últimamente.
Llegó el libro “in the heart of the White Rose”, la historia
de Hans y Sophie Scholl, integrantes de un pequeño grupo disidente dentro de la
Alemania nazi, arrestados en la Universidad de Múnich en febrero de 1943,
llevados a juicio sumario y ejecutados por haber invitado a la juventud a
revelarse contra el régimen criminal que representó el Nacional Socialismo,
para mí el peor de toda la historia. Al llegar a casa, tendré la oportunidad de
hojearlo y echarle una mirada preliminar, pues tengo la intención de leer lo
más que se pueda durante el fin de semana que se aproxima. En este momento me
encuentro leyendo los últimos capítulos de mi libro sobre TLP (Borderline
Personality Disorder, a survival guide), lo que me ha tomado más tiempo del que
debería.
He descubierto que cuando no estoy trabajando, tengo la
mente demasiado ocupada repasando acontecimientos importantes de mi vida, sobre
todo aquellos que tienen que ver con confrontación y conflicto con otras personas,
acontecimientos caracterizados por actos violentos de los que yo fui el blanco,
y que yo cometí como respuesta a una agresión, entiéndase defensa propia. Sé
bien que todo esto es de lo más improductivo, representa un gasto significativo
de energía psíquica, pero no lo puedo evitar pues cuando sucede ni siquiera
tengo conciencia de ello. Al mismo tiempo, cuando platico con alguien (en
particular con profesionales de la salud mental, psicólogas o psiquiatras) dejo
ver el lado violento de mi personalidad. No sé si hago esto porque cuando hablo
de mis problemas (sobre todo aquellos que tienen que ver con mis relaciones
difíciles con otras personas) siento una gran frustración, o simplemente
pudiera ser parte de una gran inseguridad. Lo que sí es un hecho, es que al
expresarme de esa manera proyecto la imagen de un hombre violento (algo que no
puedo negar que soy), pero en una medida mayor a la real. Esto hace que las
personas con las que hablo se formen una idea inexacta de la clase de persona
que soy, lo que dificulta que me permitan acercarme a ellas.
Se supone que los profesionales de la salud mental no están
para hacer amistad con ellos, u otro tipo de relaciones de tipo personal, pero
como había expresado antes, pienso que una psicóloga podría representar una
posibilidad real para establecer una relación de pareja por el hecho de que
ella conoce la naturaleza y la psiquis humana, y frecuentemente entre ese tipo
de personas el nivel cultural es superior al promedio. Incluso solamente una
mujer con esa profesión podría entender por qué he vivido la mayor parte de mi
vida sin trabajar, y las consecuencias tan terribles que ello ha acarreado a mi
vida. Una psicóloga también podría entender el porqué de mi comportamiento
difícil y mi actitud de lejanía ante mi propia familia.
Y hablando de Lourdes, ella no es psicóloga y no sé cómo
reaccionaría al saber lo que hay en mi vida si llegáramos a conocernos e
intentáramos entablar una relación de pareja. Es posible que me esté
preocupando por nada, lo sabré en los días que se avecinan.
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