miércoles, 6 de marzo de 2019

Una dama que podría convertirse en mi amiga, o en algo más


El turno laboral es muy largo y en ocasiones parece interminable, porque mi trabajo consiste en traducir documentos de la industria farmacéutica muy estructurados, un formato definido y he hecho este trabajo durante cerca de cuatro años, lo que me permite realizarlo muy rápidamente y al mismo tiempo hace del mismo una tarea monótona, repetitiva y aburrida.

Pienso en esa bella mujer de nombre Luz, del estado vecino de Guanajuato y las imágenes que he visto de ella en esa red social, una de las cuales muestra un rostro armónico, simétrico, de facciones bien definidas y con un bello color de piel. Sus ojos expresan una tranquilidad interior y son para mí una invitación a acercarme a esta hermosa dama, abrazarla, besar su piel y sus labios y platicar con ella sin separarnos, posiblemente tendidos en un lecho, mirarnos fijamente a los ojos y pasar así muchas horas comunicándonos de manera verbal y también haciendo uso del silencio. Las manifestaciones físicas de amor representan para mí la mayor felicidad posible y carecer de ellas, mi mayor sufrimiento.

El sábado en la tarde decidí pagar una cantidad un tanto elevada para poder hacer uso de esa red social y unos minutos más tarde apareció Luz, mostrándose amable e inmediatamente pasamos a comunicarnos vía Smartphone. Le pregunté vía WhatsApp si podía marcarle y ella me respondió “déjame prepararme un té”, después de lo cual comenzamos una conversación que duró casi 80 minutos.

Esta dama es cuatro años más joven que yo, nunca ha estado casada ni ha tenido hijos, incursionó en la actuación (específicamente en el teatro), es una persona alfabetizada (escribe correctamente) y posiblemente culta, con interés en el cine no muy comercial (me mencionó un par de películas europeas) y con una actitud muy sana respecto a la sexualidad.

Como he hecho en otras ocasiones, al conocer a una persona del sexo femenino, llevé la plática de una manera no muy evidente —entiéndase indirecta— hacia el tema de la sexualidad, por ejemplo haciendo referencia al cine, a una película francesa de 1988 que podría considerarse un largometraje protagonizada por Michel Piccoli, Jane Birkin y Emmanuelle Beart, en que un pintor a las puertas de la tercera edad, que ha abandonado su actividad durante los últimos 10 años, es visitado por un joven también pintor que le ofrece a su novia como modelo para que pueda terminar una obra que dejó inconclusa una década antes, de nombre “la bella latosa”. El asunto es que esa joven (interpretada por Emmanuelle Beart) posa desnuda para el artista y la mayor parte de la película tiene como foco de interés la interacción entre el autor y su modelo, en la intimidad del estudio, en soledad.

De alguna manera, la conversación nos llevó al tema de la desnudez, de una forma respetuosa, pues de hecho, es algo natural, positivo, sano y Luz me dijo que hace años ella posó sin ropa para diversas manifestaciones de arte gráfico como fotografía, dibujo, pintura, escultura, etc. Me agradó mucho que esta bella mujer me mencionara eso y entonces yo le comenté que en dos ocasiones pagué a fotógrafas profesionales (haciendo énfasis en que tenía que tratarse de fotógrafas sexo femenino, pues no lo haría ante un hombre) para que me tomaran fotos de desnudo. La primera fue una fotógrafa que en aquel entonces (octubre de 1997) ya contaba con un prestigio profesional. Pese a que yo era para ella un desconocido, lo hizo como un favor pues ella no hace esa clase de trabajo, no por tratarse de desnudos, sino por el precio de ese servicio, 10 fotografías por unos 80 pesos de aquel entonces.

En mayo de 2006, a un mes de haber cumplido 42 años volví a hacerlo, ahora con una fotógrafa más joven que yo, de una belleza muy fuera de lo común. Esta sesión fue un tanto diferente, ahora con fotografía digital y Marcela me tomó más de 40 fotos.

El conjunto de características de esta dama, Luz, hace de ella una persona muy deseable para llegar a desarrollar una amistad muy cercana, o una relación de pareja. Espero que esto sea posible y ella quiera estar presente en mi vida.

Por lo pronto te digo, Luz, que te quiero. Aquí voy a estar.

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