El turno laboral es muy largo y en ocasiones parece
interminable, porque mi trabajo consiste en traducir documentos de la industria
farmacéutica muy estructurados, un formato definido y he hecho este trabajo
durante cerca de cuatro años, lo que me permite realizarlo muy rápidamente y al
mismo tiempo hace del mismo una tarea monótona, repetitiva y aburrida.
Pienso en esa bella mujer de nombre Luz, del estado vecino
de Guanajuato y las imágenes que he visto de ella en esa red social, una de las
cuales muestra un rostro armónico, simétrico, de facciones bien definidas y con
un bello color de piel. Sus ojos expresan una tranquilidad interior y son para
mí una invitación a acercarme a esta hermosa dama, abrazarla, besar su piel y
sus labios y platicar con ella sin separarnos, posiblemente tendidos en un
lecho, mirarnos fijamente a los ojos y pasar así muchas horas comunicándonos de
manera verbal y también haciendo uso del silencio. Las manifestaciones físicas
de amor representan para mí la mayor felicidad posible y carecer de ellas, mi
mayor sufrimiento.
El sábado en la tarde decidí pagar una cantidad un tanto
elevada para poder hacer uso de esa red social y unos minutos más tarde
apareció Luz, mostrándose amable e inmediatamente pasamos a comunicarnos vía
Smartphone. Le pregunté vía WhatsApp si podía marcarle y ella me respondió
“déjame prepararme un té”, después de lo cual comenzamos una conversación que
duró casi 80 minutos.
Esta dama es cuatro años más joven que yo, nunca ha estado
casada ni ha tenido hijos, incursionó en la actuación (específicamente en el
teatro), es una persona alfabetizada (escribe correctamente) y posiblemente
culta, con interés en el cine no muy comercial (me mencionó un par de películas
europeas) y con una actitud muy sana respecto a la sexualidad.
Como he hecho en otras ocasiones, al conocer a una persona
del sexo femenino, llevé la plática de una manera no muy evidente —entiéndase
indirecta— hacia el tema de la sexualidad, por ejemplo haciendo referencia al
cine, a una película francesa de 1988 que podría considerarse un largometraje
protagonizada por Michel Piccoli, Jane Birkin y Emmanuelle Beart, en que un
pintor a las puertas de la tercera edad, que ha abandonado su actividad durante
los últimos 10 años, es visitado por un joven también pintor que le ofrece a su
novia como modelo para que pueda terminar una obra que dejó inconclusa una
década antes, de nombre “la bella latosa”. El asunto es que esa joven
(interpretada por Emmanuelle Beart) posa desnuda para el artista y la mayor
parte de la película tiene como foco de interés la interacción entre el autor y
su modelo, en la intimidad del estudio, en soledad.
De alguna manera, la conversación nos llevó al tema de la
desnudez, de una forma respetuosa, pues de hecho, es algo natural, positivo,
sano y Luz me dijo que hace años ella posó sin ropa para diversas
manifestaciones de arte gráfico como fotografía, dibujo, pintura, escultura,
etc. Me agradó mucho que esta bella mujer me mencionara eso y entonces yo le
comenté que en dos ocasiones pagué a fotógrafas profesionales (haciendo énfasis
en que tenía que tratarse de fotógrafas sexo femenino, pues no lo haría ante un
hombre) para que me tomaran fotos de desnudo. La primera fue una fotógrafa que
en aquel entonces (octubre de 1997) ya contaba con un prestigio profesional.
Pese a que yo era para ella un desconocido, lo hizo como un favor pues ella no
hace esa clase de trabajo, no por tratarse de desnudos, sino por el precio de
ese servicio, 10 fotografías por unos 80 pesos de aquel entonces.
En mayo de 2006, a un mes de haber cumplido 42 años volví a
hacerlo, ahora con una fotógrafa más joven que yo, de una belleza muy fuera de
lo común. Esta sesión fue un tanto diferente, ahora con fotografía digital y
Marcela me tomó más de 40 fotos.
El conjunto de características de esta dama, Luz, hace de
ella una persona muy deseable para llegar a desarrollar una amistad muy
cercana, o una relación de pareja. Espero que esto sea posible y ella quiera
estar presente en mi vida.
Por lo pronto te digo, Luz, que te quiero. Aquí voy a estar.
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