Volviendo al tema que me ocupaba, el de las diferencias
raciales demasiado evidentes, sé bien que expresar estas ideas podría hacerme
parecer un individuo inhumano, mostrando características de grupos que
considero criminales como el Nacional Socialismo y otros.
Quisiera aclarar que tengo plena conciencia de que no soy un
hombre de raza blanca, sino un mexicano mestizo, con sangre española e indígena
en mi genealogía. De hecho, odio a mi padre (que murió hace once años) de quien
heredé la fisonomía de un hombre de raza blanca y considero a los pueblos
europeos (propagadores del cristianismo en el mundo) gente rapaz, abusiva y
frecuentemente genocida.
Recuerdo una de las obras de Bertrand Rusell, Los caminos de
la libertad, en la que habla de socialismo, sindicalismo y anarquismo en que se
refiere a la explotación del hombre por el hombre, que fue lo que dio lugar al
primero de estos movimientos, originados a finales del siglo XIX, en que el
autor se refiere a hombres de otras latitudes como “inferiores”, en quienes la
explotación e incluso la esclavitud pudiera tener una justificación. Por
supuesto, yo no estoy de acuerdo con eso, pero me trae a la mente a otro gran
escritor (también premio Nobel de literatura) John Steinbeck que en una de sus
novelas más representativas habla del estado de California y habla de la gente
que lo habitó antes de que los estadounidenses se la robaran a México,
refiriéndose a ellos como una “raza inferior”.
Hablando con la verdad, este tipo de aseveraciones no suenan
nada agradables, pero me parece que pudieran ser correctas. Con esto no quiero
decir que no tenga conciencia del daño gigantesco que han hecho en el mundo los
pueblos compuestos por gente de raza blanca, incluso en la época actual en que
un país como Estados Unidos (la principal potencia económica en el mundo) causa
el mayor daño ecológico en todo el planeta y es el principal representante (y
líder) de la filosofía de vida que persigue el tener en lugar del ser. Esto ha
dado lugar durante muchas décadas a la deshumanización de los individuos y a la
cultura de la muerte, pero no voy a afirmar que prefiero el tercer mundo, al
cual pertenece mi país que es donde he vivido toda mi vida, ni que estoy
orgulloso de la cultura a la que pertenezco, en la cual en realidad he sido un
alien a lo largo de toda mi existencia.
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