martes, 2 de abril de 2019

Terminar de exponer mis ideas sobre un racismo que no puedo negar


Volviendo al tema que me ocupaba, el de las diferencias raciales demasiado evidentes, sé bien que expresar estas ideas podría hacerme parecer un individuo inhumano, mostrando características de grupos que considero criminales como el Nacional Socialismo y otros.

Quisiera aclarar que tengo plena conciencia de que no soy un hombre de raza blanca, sino un mexicano mestizo, con sangre española e indígena en mi genealogía. De hecho, odio a mi padre (que murió hace once años) de quien heredé la fisonomía de un hombre de raza blanca y considero a los pueblos europeos (propagadores del cristianismo en el mundo) gente rapaz, abusiva y frecuentemente genocida.

Recuerdo una de las obras de Bertrand Rusell, Los caminos de la libertad, en la que habla de socialismo, sindicalismo y anarquismo en que se refiere a la explotación del hombre por el hombre, que fue lo que dio lugar al primero de estos movimientos, originados a finales del siglo XIX, en que el autor se refiere a hombres de otras latitudes como “inferiores”, en quienes la explotación e incluso la esclavitud pudiera tener una justificación. Por supuesto, yo no estoy de acuerdo con eso, pero me trae a la mente a otro gran escritor (también premio Nobel de literatura) John Steinbeck que en una de sus novelas más representativas habla del estado de California y habla de la gente que lo habitó antes de que los estadounidenses se la robaran a México, refiriéndose a ellos como una “raza inferior”.

Hablando con la verdad, este tipo de aseveraciones no suenan nada agradables, pero me parece que pudieran ser correctas. Con esto no quiero decir que no tenga conciencia del daño gigantesco que han hecho en el mundo los pueblos compuestos por gente de raza blanca, incluso en la época actual en que un país como Estados Unidos (la principal potencia económica en el mundo) causa el mayor daño ecológico en todo el planeta y es el principal representante (y líder) de la filosofía de vida que persigue el tener en lugar del ser. Esto ha dado lugar durante muchas décadas a la deshumanización de los individuos y a la cultura de la muerte, pero no voy a afirmar que prefiero el tercer mundo, al cual pertenece mi país que es donde he vivido toda mi vida, ni que estoy orgulloso de la cultura a la que pertenezco, en la cual en realidad he sido un alien a lo largo de toda mi existencia.  

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